April 15, 2018 / 8:45 AM / 3 months ago

Por qué no dejaremos de usar Facebook pese a que lo odiamos

Mark Zuckerberg se enfrenta a las críticas del Congreso por no lograr proteger la información personal de los usuarios de Facebook y por su incapacidad para impedir que Rusia use la red social para influir en las elecciones presidenciales de 2016.

Silhouettes of mobile users are seen next to a screen projection of Facebook logo in this picture illustration taken March 28, 2018. REUTERS/Dado Ruvic/Illustration

Si bien los problemas de privacidad del sitio son recientes, los usuarios han sabido de otros de sus defectos por años. Que Facebook nos puede hacer sentir miserables es una noticia vieja: tantos estudios han concluido que afecta negativamente a nuestro bienestar, que el año pasado la compañía realizó su propio estudio y en general coincidió.

“Me impresionó la consistencia con la que la literatura científica ha descubierto vínculos negativos”, dijo Ethan Kross, director del Laboratorio de Emoción y Autocontrol de la Universidad de Michigan, cuyo ampliamente citado estudio de 2013 concluyó que el uso de Facebook predice un declive en el bienestar del usuario.

Entonces, ¿por qué todos seguimos usando el servicio, realmente? ¿Qué dicen los expertos que estudian nuestra conducta sobre Facebook?

Algunos de los motivos menos obvios...

Porque Facebook nos permite ser versiones mejoradas de nosotros mismos:

En su libro bestseller, “Reclaiming Conversation: The Power of Talk in a Digital Age”, Sherry Turkle del MIT observa que solemos usar Facebook para “reflejar la persona que queremos ser, nuestra persona aspiracional”.

Algunos investigadores teorizan que podemos beneficiarnos de interactuar con esta personalidad mejorada, más brillante. “Sí, filtramos y mentimos por omisión en Facebook”, dijo la profesora Catalina Toma de la Universidad de Wisconsin-Madison.

“Pero también decimos la verdad. Una persona no puede decir que acaba de comprometerse, si no acaba de comprometerse”. La investigación de Toma ha hallado que cuando la gente pasa cinco minutos viendo su propio perfil de Facebook, aumentan sus sentimientos de valoración propia. Como un diario de gratitud avalado por Oprah, el reflejo prístino de Facebook que muestra nuestro pasado nos puede recordar lo que es bueno en nuestras vidas.

Pero elaborar la versión “mejor” de nosotros mismos también puede ser duro para nosotros: Turkle cree que Facebook alienta lo que el sociólogo David Riesman llamó “la vida dirigida al otro”, en la que una persona mide su propio valor a través de lo que piensan otros. “Curamos una persona online que es la persona que queremos que otras personas vean”, me escribió Turkle por correo electrónico. “Predicamos la autenticidad pero practicamos la auto-curación. Nos alienamos a nosotros mismos de quienes realmente somos”.

Porque Facebook nos hace sentir que tenemos el control:

El control tiene un atractivo enorme en el contexto de interacciones humanas complejas.

En “Reclaiming Conversation”, Turkle detalla un romance online entre Adam (a quien ella conoce en una conferencia) y su compañera Tessa, notando la tendencia de Adam a archivar todos los textos de Tessa para poder armar en forma experta sus respuestas. Al final su relación fracasó, y Adam reflexionó después que su híper-atención quizás creó expectativas insostenibles para Tessa y su visión de él.

“La comunicación online nos hace sentir más en control de nuestro tiempo y nuestra presentación personal”, escribe Turkle en su libro. Facebook ofrece una combinación especial de este control, combinando nuestros amigos, opiniones políticas, fotos y logros de la vida en una presentación editable de uno mismo.

Facebook hizo un trabajo tan bueno para hacernos sentir en control, que la compañía comenzó a elaborar nuestras personalidades públicas por nosotros. Pensemos en los nuevos montajes fotográficos del sitio, de “aniversarios de amigos”, en los que un algoritmo elige nuestras fotos con más “me gusta”, más comentadas. Cuando publicamos estas representaciones personales creadas por la máquina, Facebook parcialmente está decidiendo qué facetas de vida deberíamos mostrar al mundo. En otras palabras, Facebook comenzó a armar la “persona aspiracional” de Turkle por nosotros.

¿Cuánto control tiene Facebook, y cuánto control tenemos nosotros? Lo que parece importarnos más es que nos sentimos con el control. Turkle asimila el tema al cambio climático. “El clima está en problemas. Pero apartas esos pensamientos cuando tienes frente a tí un día maravilloso. Los problemas grandes de Facebook son el clima. Tu uso personal es tu clima personal”, escribió.

Porque somos malos para juzgar qué es bueno para nosotros:

“Somos excepcionalmente buenos para justificar nuestra conducta”, me dijo Kross. “Es uno de nuestros súper poderes”. Kross citó el principio psicológico de la racionalización (el término presumido de la psicología por ´dar excusas´), en el que justificamos nuestros propios pensamientos y acciones incluso cuando se nos presenta información contradictoria. Entonces, incluso cuando Facebook nos está haciendo infelices, cuando hay fotos de vacaciones y restaurantes y familias sin conflictos que nos deprimen activamente, probablemente racionalicemos esa conducta. Normalmente somos incapaces de decidir racionalmente, “mirar las fotos de ese amigo me hizo sentir peor sobre mi propia vida, por lo que sería sensato y sano evitar sus publicaciones en el futuro”.

Porque no hemos abandonado la esperanza:

“Facebook es una obra en construcción, y Facebook cumple funciones importantes: nos conecta con otros, nos deja intercambiar información entre nosotros fácilmente y nos ayuda a obtener apoyo social cuando lo necesitamos. Nos ayuda a abordar nuestra necesidad más fundamental: la necesidad de “pertenecer”, escribió Hanna Krasnova, presidenta de Informática de Negocios, esp. Redes Sociales y Ciencia de Datos de la Universidad de Potsdam, por correo electrónico.

¿Una forma imprevista en la que nuestra conducta en Facebook extrañamente es útil? Cuando muere un ser querido, algunas familias eligen dejar el perfil de la persona en Facebook intacto de manera póstuma. Dejar el perfil significa que los amigos y la familia pueden comentar a otros bajo las fotos del fallecido o incluso escribir una nota dirigida directamente a la persona que ha muerto.

“Escribir en los perfiles (de Facebook) del fallecido es una preciosa nueva manera de expresar sentimientos -a uno mismo, y a otros amigos y la familia de la persona que murió- que realmente no son lo mismo que una nota a los dolientes, lo que normalmente hacía la gente para marcar el momento”, reflexionó Turkle cuando le pregunté sobre la práctica.

Toma notó que a lo largo de la historia, la sociedad ha tenido reacciones adversas y temerosas a las nuevas tecnologías, y con cada nueva invención, nos hemos adaptado a nuestros protocolos sociales y nuestra conducta en forma acorde. Como notó en su libro del 2013 “Smarter Than You Think” el periodista de tecnología del New York Times Clive Thompson, “expertos en etiqueta temían que el teléfono embrutecería nuestros modales, debido al saludo predominante – ‘hello’ – derivado del grito ‘halloo’, usado para llamar a los perros de caza”.

Mientras Zuckerberg explica los “cómo” del uso de Facebook al Congreso, es importante considerar también los “por qué”.

— Jess Kimball Leslie es autora de “I Love My Computer Because My Friends Live In It” (“Amo a mi Ordenador porque mis Amigos viven en Él”). Las opiniones expresadas son personales.

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