26 de noviembre de 2017 / 16:33 / hace 16 días

Sea o no real su renacer, la economía de la eurozona está llena de sorpresas

LONDRES (Reuters) - La estrella económica de 2017, cuando este llegue a su fin el mes que viene, habrá sido la zona euro, donde el crecimiento parece en camino de alcanzar el 2,2 por ciento frente a la proyección del 1,4 por ciento que había a estas alturas del año pasado.

Imagen de archivo en la que un ave sobrevuela al amanecer el puerto de Dublín, Irlanda, el 8 de noviembre de 2017. REUTERS/Clodagh Kilcoyne

Si este dato se combina con los cuatro años en los que el paro lleva cayendo y la inflación manteniéndose alejada de la zona de preocupación por deflación, se podría decir que los responsables económicos y políticos tienen algo que celebrar.

Pero, ¿está ocurriendo algo sustancial o se trata de otro falso renacer para una economía que ha registrado en su historia de 18 años una media de crecimiento de menos del 1,6 por ciento?

Los escépticos podrían decir que esto es simplemente cíclico y que pronto se verá revertido. O que tan solo se deba a los 2,2 billones de euros de estímulos inyectados por el Banco Central Europeo para forzar el crecimiento de una economía notoriamente esclerótica.

Ambos factores ciertamente jugaron su papel, pero aunque haya riesgos esto no quiere decir que el impulso de crecimiento sea distinto a los repuntes anteriores o que no vaya a acabar pronto.

El argumento de que el auge es cíclico, por ejemplo, nace de la propensión de la eurozona a seguir, aunque con algo de retraso, a la economía de EEUU, tendiendo así a mejorar cuando la estadounidense empieza a estancarse. En efecto, el ciclo actual de la eurozona está cuatro años por detrás del de EEUU.

Con algunas señales de que la larga recuperación económica de EEUU está tocando techo y con los bonos dando señales de alarma, los escépticos podrían alegar que, siguiendo su tendencia habitual, la zona euro levanta la cabeza cuando a EEUU se le termina la buena racha.

Pero existen diferencias con el año 2006, cuando después de cuatro años de crecimiento decaído, la eurozona superó a EEUU para desplomarse después por la crisis financiera que impactó a ambas economías.

Por un lado, dice Paola Subacchi, miembro senior del instituto político independiente Chatham House, está el reconocimiento por parte de Europa de que el crecimiento a veces necesita ayuda.

“Hay ahora un entendimiento - incluso en Alemania - de que la demanda necesita ser apoyada”, dijo Subacchi. “A diferencia de hace 10 años, o incluso cinco años atrás, hay un entendimiento de que uno no puede esperar sentado al crecimiento”.

No es que las medidas de austeridad introducidas tras el colapso financiero hayan sido descartadas completamente, si no que algunos gobiernos están más dispuestos a añadir al cóctel el ingrediente del gasto, sobre todo después de que muchos votantes retirasen su apoyo a los grandes partidos.

Alemania, por ejemplo, ha aumentado el gasto público en carreteras y puentes, en un internet más rápido y en viviendas sociales - convirtiendo al gasto estatal en uno de los más importantes impulsores del crecimiento en la potencia económica de la zona euro en los últimos dos años.

ÍMPETU

Algunas reformas estructurales se han llevado a cabo tras años de ser calificadas como inútiles por los bancos centrales, el Fondo Monetario Internacional y otros organismos.

Unas leyes laborables más flexibles - especialmente en España e Irlanda - han ayudado a impulsar el crecimiento, alega Florian Hense, economista europeo en Berenberg.

“Lo que mantiene a las cosas en movimiento es el aumento en empleo”, dijo Hense.

En este caso, el argumento que apoya una continuidad del crecimiento se basa en que todavía hay mucha capacidad ociosa en la fuerza laboral.

Aunque está muy lejos del máximo del 12,1 por ciento que alcanzó a mediados de 2013, el desempleo en la eurozona todavía se encuentra en el 8,9 por ciento, tasa suficiente, a juicio de Hense, para que todavía queden dos años más antes de que se produzca una escasez de trabajadores.

Se están efectuando intentos para continuar avanzando hacia dicha reforma. En Francia, el presidente Emmanuel Macron ya ha firmado decretos para recortar las indemnizaciones por despidos improcedentes, al tiempo que otorga más facilidad a las empresas a la hora de contratar y despedir.

El desafío para los reformistas de la eurozona será como conseguir sus planes pese a la oleada de movimientos anti-establishment entre votantes enfadados por haberse quedado fuera de la recuperación de la crisis financiera.

El nuevo clima de crecimiento de la eurozona también ha sido alentado por el estímulo del BCE, pero su retirada puede no ser tan perjudicial como lo fue en 2011-2012.

Sarah Hewin, economista jefe para Europa en Standard Bank, dice que el BCE retiró el estímulo demasiado pronto entonces y que su hoja de balance --los activos de los que dispone-- estaba menguando en 2012-2014, cuando la eurozona entró en su segunda recesión.

Aquel también fue el punto álgido de la crisis crediticia de la eurozona, gran parte de la cual ha sido arreglada.

La reciente decisión del BCE de recortar el volumen de sus compras de activos no ha causado mucha angustia porque se está poniendo en marcha lentamente. El estímulo continuará - equilibrado con el crecimiento - y los bajos tipos de interés son prácticamente un elemento fijo en la eurozona.

COLOR ROSA

Pero, ¿es todo de color rosa?: No. Los riesgos se mantienen, incluyendo las preocupaciones generales como la ralentización global liderada por China.

El último dolor de cabeza es la perspectiva de una perturbación política en Alemania por el fracaso de Angela Merkel para formar un gobierno en coalición.

Si a esto se le añade la posible agitación electoral en Italia el año que viene, el resultado es el mismo tipo de incertidumbre política que había a principios de 2017, cuando existían preocupaciones de que llegasen a ganar candidatos antieuropeístas en Holanda, Francia y Alemania.

Pero de momento, los economistas solo parecen ver esto como ruido ante los fundamentos del crecimiento de una eurozona que sólo mostraría una leve ralentización el año que viene tras la sorpresa de este año.

“Haría falta un gran revés político en alguna parte del mundo (para terminar con esto)”, dijo Hense.

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