19 de enero de 2015 / 11:39 / en 3 años

El contribuyente alemán podría compartir costes del apagón nuclear

Las principales eléctricas alemanas han destinado miles de millones de euros a financiar el apagón nuclear del país a partir de 2022, cuando el último reactor saldrá de la red. En la imagen, una planta nuclear en Neckarwestheim, Alemania, el 28 de junio de 2012. REUTERS/Alex Domanski

FRÁNCFORT (Reuters) - Las principales eléctricas alemanas han destinado miles de millones de euros a financiar el apagón nuclear del país a partir de 2022, cuando el último reactor saldrá de la red.

Pero a medida que la crisis energética pone bajo riesgo el valor de los activos que hay tras esas provisiones, aumenta la preocupación de que los contribuyentes puedan terminar pagando parte de la factura, socavando el ambicioso cambio hacia la energía renovable en el que la canciller Angela Merkel ha puesto buena parte de su apuesta política.

La amplia expansión de la energía solar y eólica ya ha afectado al bolsillo de los ciudadanos y forzado a las eléctricas a adoptar modelos de negocio más arriesgados que, de acuerdo con los analistas, podrían expulsar a parte de ellas del negocio.

“Preocupa que el negocio tradicional de las eléctricas no de los suficientes beneficios como para financiar las provisiones”, dijo una fuente senior experta en contabilidad. “Esta preocupación es válida”.

Las “cuatro grandes” de Alemania -E.ON (EONGn.DE), RWE (RWEG.DE), EnBW (EBKG.DE) y Vattenfall [VATN.UL]- han apilado 36.000 millones de euros para apagar sus centrales nucleares antes del plazo límite de 2022, fijado tras el desastre de Fukushima en Japón en 2011, y pagar el almacenamiento de residuos. [POWER/DE]

Se trata de las mayores provisiones nucleares del mundo y reflejan la determinación de Alemania de establecer un modelo para otros países nucleares a la hora de lidiar con los reactores durante las décadas posteriores al apagón.

Pero las empresas se encuentran bajo presión por los bajos precios mayoristas de la electricidad, la debilidad de la demanda en la zona euro y la creciente oferta de energía renovable subvencionada, que está desplazando gradualmente del mercado a las centrales de gas y carbón.

En este contexto, los analistas ven poco potencial alcista en las acciones de las grandes eléctricas alemanas, cuya capitalización bursátil ha caído en 125.000 millones de euros en los últimos siete años.

Eso se suma a las impresiones de que el sector se enfrenta a un futuro incierto y, en la respuesta más drástica a la crisis hasta ahora, la primera eléctrica alemana E.ON escindió parte de su negocio a finales del año pasado. [ID:nL6N0TK0RM] [ID:nL6N0TL3AN]

Las empresas ofrecen garantías regulares de que pueden cumplir con sus responsabilidades nucleares. “Nuestras provisiones se revisan anualmente en gran detalle por evaluadores externos independientes”, dijo el jefe de finanzas de E.ON en noviembre, pero eso no significa necesariamente que el dinero vaya a seguir fluyendo en las próximas décadas.

UN SECRETO BIEN GUARDADO

Con 14.600 millones de euros, E.ON acapara la mayoría de las provisiones nucleares del sector, mientras que las cuotas de RWE y EnBW se han ido reduciendo progresivamente.

Apenas preocupa la cifra global 36.000 millones de euros, pero lo que no está nada claro es que se puedan convertir en dinero los activos que hay detrás de estas provisiones.

Las eléctricas no han explicado cómo están respaldadas estas provisiones y se han limitado a señalar que algunas son en efectivo y el resto en activos e instrumentos no desvelados.

Analistas del sector piensan que mientras una parte se invierte en activos como renta variable y fondos de pensiones, gran parte está respaldada por redes eléctricas y plantas cuyo valor se ha hundido.

Durante el año pasado, E.ON, RWE, EnBW y Vattenfall han anunciado casi 12.000 millones de euros en amortizaciones y cargos por deterioro de activos, en su mayoría causados por el desplome de los precios de la electricidad.

“Está cada vez más claro que las inversiones en centrales eléctricas (...) simplemente no van a poder convertirse en dinero”, dijo Felix Matthes del Oeko-Institut, un organismo de investigación que asesora regularmente al Gobierno.

Matthes dijo que E.ON y EnBW tienen la mayoría de sus provisiones en inversiones más seguras, pero Vattenfall y RWE están más expuestos, apuntando este experto a activos de lignito cuyo valor ha ido disminuyendo.

Algunos políticos temen que las eléctricas finalmente dejen que el Estado asuma el problema y que las más grandes -que como en el caso de los bancos puedan ser consideradas “demasiado grandes para quebrar”- puedan llegar a ser nacionalizadas.

La segregación de E.ON conlleva el riesgo “de que la carga financiera de desmantelar las plantas nucleares recaiga en el estado”, dijo el ministro de Medio Ambiente del estado de Baja Sajonia el mes pasado.

Oliver Krischer, portavoz parlamentario de energía para el Partido Verde, señaló que la historia nuclear de Alemania estaba “llena de ejemplos de beneficios privatizados y costes socializados”.

El Ministerio de Economía federal ha encargado un estudio sobre cómo salvaguardar los fondos de desmantelamiento cuyos resultados se esperan este mes.

”Es labor del gobierno para evitar que esto (la erosión del valor de los activos) suceda, dijo Krischer a Reuters.

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