22 de octubre de 2010 / 14:37 / en 7 años

PREGUNTAS -¿Por qué quiere Alemania cambiar el Tratado de la UE?

Por Luke Baker

BRUSELAS, 22 oct (Reuters) - Alemania quiere que se modifique el marco legal fundamental de la Unión Europea, el Tratado de Lisboa, para incorporar un sistema permanente de gestión de las crisis financieras, como un posible impago de la deuda soberana.

Tras el acuerdo alcanzado el lunes en la localidad francesa de Deauville, París apoya la iniciativa, lo que supone reunir a los dos estados mayores y con más influencia de la Unión. Pero otros socios entre los Veintisiete se han mostrado escépticos ante la idea de cambiar un texto que tardó casi una década en negociarse y entrar en vigor, y que en el proceso causó profundos debates y diferencias internas.

Estas son algunas preguntas y respuestas sobre este asunto:

¿POR QUÉ QUIERE ALEMANIA CAMBIAR EL TRATADO?

Cuando la crisis de la deuda griega explotó a primeros de año y amenazó con extenderse a otros estados de la eurozona, la UE pugnó por encontrar una salida a la situación. El resultado final fue un mecanismo para crisis que se llama Fondo Europeo para la Estabilidad Financiera, una red de seguridad de 500.000 millones de euros aprobada en mayo con la ayuda del Fondo Monetario Internacional.

Alemania mostró reticencias a la creación del fondo y sigue incómoda con él, en gran parte porque se acerca peligrosamente a violar una cláusula del tratado de Lisboa contra los rescates financieros, está financiado por los contribuyentes y ha llevado a una demanda ante el Tribunal Constitucional alemán.

El Fondo expira en 2013, y Alemania quiere que se establezca un mecanismo de resolución de crisis más estructurado y permanente para a partir de entonces. Para hacerlo, y garantizar que tenga apoyo legal, habría que modificar Lisboa.

¿QUÉ PIENSAN OTROS ESTADOS?

En países como Irlanda, Reino Unido, Holanda y República Checa, costó muchos años de dificultades y voluntad política lograr que se aprobara el tratado, que como todos los textos de la UE tiene que recibir el visto bueno de todos los estados miembros y ser aprobado por sus parlamentos o en referéndum.

Reabrir el tratado podría volver a causar divisiones y ser políticamente peligroso. En países como Irlanda, que están atravesando su propia crisis de deuda y déficit al estilo de la griega, no hay casi ningún interés en una decisión de este tipo.

Sin embargo, están empezando a verse algunas señales de que el apoyo al cambio podría ser mayor de lo que se esperaba. Reino Unido, por ejemplo, ha dicho que podría ser partidaria siempre que cualquier alteración sólo afecte a los 16 países de la eurozona. Ello supondría que no cedería ninguna competencia a Bruselas, por lo que podría ser aprobado por el Parlamento sin tener que acudir a las urnas.

Sin embargo, hay diputados conservadores británicos tremendamente reticentes a cualquier interferencia europea en los asuntos británicos y que probablemente se opondrían a cualquier cambio, lo que podría desestabilizar a la coalición en el poder entre los conservadores y los liberal demócratas de centroizquierda.

En otros países, como España, Suecia, Finlandia y Eslovaquia, hay la sensación de que aunque los gobiernos preferirían no cambiar Lisboa, podría ser el único modo de garantizar un mecanismo permanente para las crisis y evitar así la repetición de lo ocurrido con Grecia.

¿CUÁLES SON LOS PRÓXIMOS PASOS?

Los jefes de Estado y de Gobierno de la UE se reúnen en el Consejo Europeo de otoño el 28 y 29 de octubre, y se espera que debatan este asunto. Si llegan a un acuerdo, podrían dar un mandato a Herman Van Rompuy, presidente del Consejo Europeo, para que siga estudiando el asunto. En un comunicado tras el acuerdo de Deauville, Francia y Alemania dijeron que les gustaría que hubiera propuestas concretas antes del Consejo Europeo de marzo de 2011.

Fuentes comunitarias dijeron a Reuters que Van Rompuy ya ha celebrado amplias negociaciones con los dirigentes europeos y ha designado a un equipo para preparar los cambios antes incluso de recibir el mandato, una señal de que confía en obtenerlo.

¿CUÁLES SON LOS RIESGOS SI LOS PAÍSES ACEPTAN CAMBIAR EL TRATADO?

El mayor riesgo es que se abra la Caja de Pandora, y que una vez que se acepte introducir cambios, cada país quiera los suyos propios. Esto podría provocar el desmantelamiento de un texto que se supone que mantiene unidas a la Unión y sus instituciones. La clave es que cualquier modificación esté definida muy ajustadamente y con cuidado, para que cualquier retoque - que en el caso de Alemania podría ser simplemente la incorporación de una o dos cláusulas - no provoque un destructivo “café para todos”.

¿QUÉ OCURRIRÁ SI SE INTRODUCEN CAMBIOS?

Si - y ese es un gran “si”, ya que hay que saltar numerosos obstáculos antes - finalmente hubiera apoyos a cambiar el tratado y se llevan a cambo, tendrían que ser aprobados y ratificados por los Veintisiete, lo que supone celebrar un referendo en algunos casos. Este proceso podría tardar meses.

En el caso del Tratado de Lisboa, se tardó dos años entre su firma en la capital portuguesa el 13 de diciembre de 2007 y su entrada en vigor el 1 de diciembre de 2009, tras la ratificación de todos los estados miembros.

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