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Noticias de Negocios

El coronavirus castiga al sector del cava

BARCELONA, 28 may (Reuters) - El sector del cava en España, que mueve un volumen de negocio de 1.200 millones de euros, ha vivido unos años turbulentos con la huelga de los viticultores, la compra de empresas familiares por parte de inversores extranjeros y el impacto en las ventas de la crisis separatista en Cataluña.

FOTO DE ARCHIVO: Botellas de cava en una bodega de Freixenet en Sant Sadurni d'Anoia, España, 13 de diciembre de2017. REUTERS/Albert Gea

Y todo eso era antes de que apareciera el coronavirus.

El confinamiento de España, uno de los más estrictos de Europa, ha hecho que se desplome el comercio por el turismo y ha tenido los restaurantes cerrados al menos dos meses, lo que dañado seriamente al consumo de la preciada bebida alcohólica efervescente que se produce principalmente en la región del noreste de Cataluña.

“Nos enfrentamos a la tormenta perfecta porque amplifica todos los problemas”, dijo Damia Deas, presidente de la asociación empresarial Institut del Cava —que representa al 70% de las bodegas— y gerente de la marca Vilarnau.

Deas dice que alrededor del 60% de los 214 productores han realizado expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE), y cree que las ventas podrían caer entre el 25% y el 40% en 2020 respecto a los 250 millones de botellas producidas en 2019, el segundo mejor año registrado.

Alrededor de dos tercios de las botellas se exportan, compitiendo con el champán francés y el prosecco italiano.

Durante el confinamiento, las ventas nacionales han caído más que en el extranjero, según Deas, pero hubo al menos un repunte en España este mes en comparación con abril gracias a un mayor consumo doméstico.

Tras haber sufrido un descenso de la producción del 3,2% en 2018, debido en gran parte al rechazo en otras regiones de España al proceso independentista en Cataluña, el sector del cava en España se recuperó y logró un crecimiento del 2% el año pasado, a pesar de la ligera caída de las exportaciones.

Con la llegada de la cosecha a mediados de agosto, el distanciamiento social y las medidas de higiene como las mascarillas no deberían limitar la recogida de la uva, ya que habría espacio y maquinaria, según Deas. Se tarda por lo menos un año después de la cosecha para que las botellas salgan a la venta.

El presidente del Consejo Regulador del Cava, Javier Pages, afirma que la vendimia debería poder llevarse a cabo. Sin embargo, advierte que las medidas relacionadas con el coronavirus estaban elevando los costes y complicando algunos aspectos, como el hecho de que los trabajadores no pueden compartir un vehículo para ir al campo.

Aunque el sector del cava en España no dispone aún de datos para la comparativa interanual, el supuesto colapso de las ventas durante la pandemia probablemente causará un excedente de botellas en la cosecha, lo que podría hacer mella en los precios de la uva y volver a generar malestar entre los productores.

El pasado mes de septiembre los viticultores fueron a la huelga después de que las principales empresas de cava pagaran un 30% menos por la uva en comparación con el año anterior.

Ante el impacto de la pandemia y la menor demanda, el Consejo Regulador del Cava aprobó el miércoles el mayor recorte de producción de su historia para la próxima cosecha —con 2.000 kg de uva por hectárea menos de lo habitual— con el fin de tratar de hacer frente a un exceso de uva y zumo y evitar así un colapso de los precios.

Deas considera que el sector debería recibir ayudas estatales, por ejemplo para ayudar a los agricultores a vender las uvas para los desinfectantes de manos a base de alcohol.

Una portavoz del Ministerio de Agricultura dijo que habrá ayudas para la industria del cava —incluyendo la producción de desinfectantes— en un paquete de 85 millones de euros (93 millones de dólares) que se está preparando para el sector vitivinícola, que representa el 1% del producto interior bruto de España.

Información de Joan Faus; información adicional de Luis Felipe Castilleja en San Sadurní de Noya y Francesca Landini en Milan; editado por Andrew Cawthorne, traducido por Michael Susin en la redacción de Gdansk

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