Un sospechoso se declara culpable de intentar atentar en Nueva York

jueves 7 de febrero de 2013 20:22 CET
 

NUEVA YORK (Reuters) - Un ciudadano de Bangladesh se declaró culpable el jueves de intentar usar un arma de destrucción masiva en lo que las autoridades estadounidenses calificaron de conspiración para hacer estallar la Reserva Federal de Estados Unidos.

Bajo un acuerdo de culpabilidad, el sospechoso podría recibir cadena perpetua.

Quazi Mohammad Rezwanul Ahsan Nafis, de 21 años, fue arrestado el 17 de octubre, después de detenerse frente a la Reserva Federal, cerca de Wall Street, e intentar detonar lo que creía que era una bomba con 454 kilogramos de explosivos escondida en una camioneta.

En cambio, llevaba materiales inertes colocados por un agente encubierto del FBI, como parte de una operación.

"Ya no soporto más la yihad (guerra santa) violenta. Lamento profundamente haberme involucrado en este caso", dijo Nafis en la audiencia.

Nafis también había sido acusado de intentar darle apoyo material a una organización terrorista extranjera en Estados Unidos ligada a Al Qaeda. El abogado de Nafis dijo que el cargo sería quitado al ser sentenciado bajo un acuerdo de culpabilidad, que establece una condena de entre 30 años y cadena perpetua.

La sentencia se ha programado para el 30 de mayo.

Según la denuncia penal de octubre, Nafis entró en Estados Unidos en el 2012 con una visa de estudio y posteriormente viajó a Queens, Nueva York.

Allí, evaluó blancos para un potencial ataque -incluida la Bolsa de Valores de Nueva York y el mismísimo presidente Barack Obama- fijando finalmente la Reserva Federal en Manhattan, indicaba la denuncia.   Continuación...

 
Un ciudadano de Bangladesh se declaró culpable el jueves de intentar usar un arma de destrucción masiva en lo que las autoridades estadounidenses calificaron de conspiración para hacer estallar la Reserva Federal de Estados Unidos. En la imagen, Quazi Mohammad Rezwanul Ahsan Nafis aparece en el tribunal en Nueva York, el 7 de febrero de 2013, en este dibujo de la sala. REUTERS/Jane Rosenberg