RIM, en búsqueda de una nueva imagen, pasará a llamarse BlackBerry

miércoles 30 de enero de 2013 18:26 CET
 

NUEVA YORK, EEUU (Reuters) - Research In Motion anunció el miércoles que cambiará su nombre a BlackBerry, en una iniciativa que busca cambiar su imagen en medio del lanzamiento de una renovada gama de teléfonos avanzados.

El anuncio, hecho por su consejero delegado Thorsten Heins durante la presentación de los nuevos dispositivos BlackBerry 10, pone de relieve las esperanzas de la firma por renovar su identidad en un momento decisivo para recuperar el terreno perdido en el competitivo mercado que antes dominaba.

"BlackBerry es como nos conocen en prácticamente todo el mundo a excepción de Estados Unidos, por lo que poseemos una marca global icónica y cuando uno tiene una marca tan poderosa, uno quiere que sea central", dijo Frank Boulben, gerente de Marketing de BlackBerry, en una entrevista.

En los últimos años, la envejecida línea de aparatos de RIM no pudo hacer frente a la competencia de dispositivos como el iPhone de Apple y la amplia línea Galaxy de Samsung.

Mientras la compañía contraataca con su nueva línea de teléfonos, su cambio de nombre permitirá apuntalar el valor de su marca BlackBerry, que sigue siendo un activo poderoso a pesar del decaimiento de RIM.

"Antes teníamos Research In Motion, BlackBerry, Bold, Curve, Torch, PlayBook - y eso diluye a la marca BlackBerry, que es un activo fantástico", dijo Boulben.

"Pasar a un modelo centrado en una marca clave permite que centremos nuestro marketing en un sólo nombre", dijo el ejecutivo.

El cambio podría ser crucial para la compañía, que experimentó fuertes cambios gerenciales y una importante reestructuración.

 
Research In Motion anunció el miércoles que cambiará su nombre a BlackBerry, en una iniciativa que busca cambiar su imagen en medio del lanzamiento de una renovada gama de teléfonos avanzados. Imagen del consejero delegado y presidente de Research in Motion, Thorsten Heins, presentando la Blackberry 10 durante su lanzamiento en Nueva York el 30 de enero. REUTERS/Shannon Stapleton