22 de noviembre de 2012 / 6:57 / hace 5 años

La fiebre independentista domina las elecciones en Cataluña

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La rica pero endeudada Cataluña escoge este domingo a su nuevo Gobierno en unas elecciones que podrían desencadenar una crisis constitucional con un renovado movimiento independentista catalán en la comunidad. En la imagen, los candidatos presidenciales catalanes Alicia Sánchez-Camacho (PP), Pere Navarro (PSOE) y Artur Mas (CiU) antes de un debate entre los siete grupos con representación parlamentaria en TV3, en Barcelona, el 18 de noviembre de 2012.Gustau Nacarino

BARCELONA (Reuters) - La rica pero endeudada Cataluña escoge este domingo a su nuevo Gobierno en unas elecciones que podrían desencadenar una crisis constitucional con un renovado movimiento independentista catalán en la comunidad.

Las encuestas de opinión muestran que la mayoría de catalanes votará a partidos proindependencia, tanto de izquierdas como de derechas, otorgando a su nuevo presidente el mandato de celebrar un referéndum sobre la independencia a pesar de la fuerte oposición desde el Gobierno central.

La amenaza separatista es uno de los mayores problemas de Mariano Rajoy, que está intentando mostrar estabilidad y responsabilidad fiscal en su lucha por mantener a España en la eurozona y evitar un rescate internacional, a pesar de una salvaje recesión.

Se espera que el presidente de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas, sea reelegido en la votación para el parlamento regional en Barcelona, después de que se convirtiese a la causa independentista tras una multitudinaria manifestación prosecesión en septiembre.

"Espero que yo sea el último presidente de Cataluña al que el Estado español, de forma sucia, lo intente destruir", dijo el pasado fin de semana Mas, líder del partido conservador Convengència i Unió (CiU).

"El próximo ya no dependerá del Estado español y ya no lo podrán destruir", dijo en un acto de campaña. Sus simpatizantes coreaban "independencia, independencia" a Mas, quien prometió convocar un referéndum sobre la autonomía en los próximos cuatro años.

Cataluña cuenta con transitados puertos mediterráneos, fábricas de automóviles, plantas químicas y sus bancos representan un quinto de la economía española. Hasta hace poco, la región de 7,5 millones de habitantes se limitaba a presionar para un mayor autogobierno - como recaudar y gastar sus propios impuestos - sin aspirar a la independencia.

Pero la recesión española, con un 25 por ciento de desempleo y un drástico recorte del gasto público, ha agudizado la percepción catalana de que sus tasas son injustas.

Como el resto del país, Cataluña ha gastado por encima de sus posibilidades durante una década de prosperidad que terminó en 2007 y no puede obtener fondos en los mercados por sí misma porque su deuda ha sido degradada a bono basura. Esto obligó a Mas, que encabeza un gobierno elegido por el parlamento y no directamente por los votantes, a pedir a Madrid un rescate de 5.000 millones de euros para cumplir con sus pagos de deuda.

Incluso así, los catalanes culpan más de sus problemas a Madrid que a su propio presidente. Igual que Alemania se ha cansado de rescatar a Grecia y otros países del sur de Europa, muchos catalanes sienten que sus impuestos son usados por el Gobierno central para ayudar a las zonas más pobres del país.

"Nos están toreando desde Madrid", dijo David Box, un trabajador de la construcción de 33 años que apoya a Mas y la independencia.

Box está sentado en un banco del icónico paseo de La Rambla en Barcelona, capital catalana y segunda ciudad española. Alrededor de él, en los famosos edificios modernistas de la ciudad ondea la estelada, la bandera independentista que incluye una estrella además de las rayas rojas y amarillas de la oficial.

Inspirados en parte por los movimientos de independencia en Escocia o Flandes, en Bélgica, un creciente número de catalanes creen que su comunidad - que tiene más habitantes que Dinamarca y una economía que rivaliza en tamaño con la de Portugal - estaría mejor por su cuenta.

Las encuestas muestran que entre el 46 y el 57 por ciento de los catalanes quieren la independencia, el mayor nivel de la historia.

"Hemos convertido una elección regular en un referéndum", dijo Alfred Bosch, del partido independentista de izquierdas Esquerra Republicana (ERC), que se prevé obtenga 18 diputados doblando su presencia en el parlamento de 135 escaños.

Un Billete De Ida a Ninguna Parte

La fiebre independentista en la región natal del artista surrealista Salvador Dalí alarma al resto de España. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, advierte de que Cataluña tendrá que volver a solicitar su entrada en la Unión Europea, un proceso largo, mientras que el rey Juan Carlos ha llamado a la unidad.

En un fin de semana haciendo campaña para la candidata del Partido Popular, Rajoy advirtió a los votantes que "no compren un billete de ida a ninguna parte".

Independentistas catalanes sostienen que una amplia mayoría en un referéndum a favor de la secesión obligará a España a cambiar la Constitución y la Unión Europea tendría que respetar su autodeterminación.

Cataluña no obtendría pronto un representante en el Banco Central Europeo si se separa de España, aunque podría seguir usando el euro. Economistas dicen que a corto plazo, un divorcio de Madrid provocaría un enorme daño económico.

Tras la represión de los años de la Dictadura, el entusiasmo sobre la nueva autonomía les llevó a crear su propia policía, abrir delegaciones en el extranjero y revivió su idioma. El movimiento independentista decayó en los 80 y en los 90 la gente abrazó una doble identidad como catalanes y españoles.

Pero el ánimo ha vuelto a cambiar. Los catalanes se vieron agraviados hace dos años cuando el Tribunal Constitucional rechazó algunos aspectos de su autonomía y este año Rajoy se negó a renegociar el pacto fiscal con Mas para permitirle retener un mayor porcentaje de sus impuestos.

La frustración cristalizó en la mayor manifestación por la independencia de su historia el pasado 11 de septiembre, el día de Cataluña, cuando cientos de miles de personas salieron a la calle.

Días después, Mas, un economista de 56 años que ha gobernado la comunidad durante los tres últimos, abandonó la búsqueda de una mayor autonomía por medio de negociaciones con Madrid. Dijo que Cataluña necesitaba un estado propio y convocó elecciones anticipadas para probar la aceptación de la idea.

La repentina intensificación cogió a mucha gente por sorpresa.

"Todo se aceleró muy rápido. La gente fue por delante de los políticos. Mas tuvo que reconocer las demandas de los ciudadanos", dijo Marti Estruch, responsable de prensa de la Generalitat.

Según las encuentras, Mas y CiU obtendrían 62 diputados el domingo. No serían suficientes para obtener mayoría absoluta pero con otros partidos como ERC, los partidarios de la independencia tendrían una mayoría de dos tercios en el parlamento regional.

Algunos catalanes dicen que votarán a CiU para enviar un mensaje a Madrid y Europa. "No me gusta cómo nos trata España. Estoy pensando en votar a CiU para apoyar el movimiento", dijo Ofelia Sala, una trabajadora social de 52 años que habitualmente vota a formaciones de izquierdas.

Una distracción

Algunos votantes denuncian que Mas es un oportunista que reanudará pronto las conversaciones con Madrid por los impuestos, mientras que otros sospechan que su nuevo fervor independentista quiere distraerles de los recortes del gasto en hospitales y colegios.

"La independencia no nos ayudará a resolver todos los problemas que tenemos", dijo Inma Prat, enfermera retirada de 69 años que habla en español aunque con un marcado acento catalán.

Un ejecutivo de negocios catalán, que pidió no ser identificado, dijo que las mayores empresas de la comunidad estaban evitando dar su opinión sobre la independencia. Apoyarla podría enfadar a clientes en otras zonas de España mientras que oponerse podría perjudicar su negocio en la región.

Pero las empresas más pequeñas creen que una nueva estructura fiscal independiente permitirá a la región invertir más en infraestructuras, lo que beneficiaría su negocio.

Dicen que los catalanes abonan 16.000 millones de euros anuales en impuestos con el sistema actual, bajo el que las comunidades recaudan impuestos que entregan a Madrid, desde donde después se transfieren fondos a las regiones usando una fórmula compleja.

Pimec, una asociación empresarial catalana con 105.000 pequeñas y medianas empresas, encontró un claro apoyo a la independencia en una encuesta online entre varios miles de sus miembros.

Josep González, presidente de Pimec, dijo que Madrid había fallado a Cataluña. "Si tienes un motor económico, sigue dándole combustible, deberían estar cuidándonos".

/Por Fiona Ortiz/

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