5 de marzo de 2016 / 11:14 / en un año

La detención de Lula, un héroe para millones, deja atónitos a brasileños

Por Brad Brooks y Paulo Prada

RÍO DE JANEIRO, 5 mar (Reuters) - Luiz Inácio Lula da Silva, el niño limpiabotas que llegó a convertirse en el primer presidente de clase obrera de Brasil, es un héroe para millones de brasileños y símbolo del cambio en el mayor país de América Latina.

Su detención el viernes para ser interrogado por un enorme escándalo de corrupción lo puede convertir ahora en un símbolo de otra naturaleza: el del fin de la impunidad en la potencia sudamericana.

El obrero metalmecánico y líder sindical de 70 años, que gobernó Brasil entre 2003 y 2010, encabezó un auge económico que impulsó al país a la escena internacional, sacó a más de 40 millones de personas de la pobreza y permitió a Lula escoger a su sucesora, la presidenta Dilma Rousseff.

Todo eso se ha ensombrecido por una recesión en el país, con Rousseff luchando por su supervivencia política y millones de brasileños lamentándose por la oportunidad perdida de sumarse a los países desarrollados.

Ahora, los fiscales argumentan que el Gobierno de Lula supervisó una enorme trama de sobornos en la petrolera controlada por el Estado Petrobras, que sirvieron para financiar campañas que mantuvieron en el poder al Partido de los Trabajadores en los últimos 13 años.

"Nunca podríamos haber imaginado que esto pasaría ahora en Brasil", dijo Gil Castello Branco, fundador de Contas Abertas (Cuentas Abiertas), un supervisor del Gobierno en la capital, Brasilia. "La sociedad civil ahora verdaderamente está creyendo en una nueva era, con menos corrupción e impunidad".

Lula, quien no ha sido acusado formalmente y que fue liberado tras tres horas de interrogatorio en la policía, ha negado que haya violado alguna ley.

Pocas cosas podrían causar más daño al partido gobernante que una condena criminal de Lula, quien sigue siendo su principal figura.

El ascenso de Lula es el de un cuento de libro que muchos consideran una metáfora del Brasil moderno.

Superó una infancia paupérrima en el noreste de Brasil y la migración a los suburbios industriales de Sao Paulo; trabajó de lustrabotas y en una lavandería, antes de aprobar un curso que le consiguió un empleo en una fábrica de automóviles.

Su carácter brusco pero carismático le permitió proyectarse en el movimiento sindical brasileño, en el que encabezó huelgas masivas contra la dictadura militar a mediados de la década de 1980. Lula fue la voz del malestar de una clase obrera marginada en la mayor economía de América Latina.

Con el regreso de Brasil a la democracia, Lula ayudó a formar el Partido de los Trabajadores en 1986 y fue el legislador electo que obtuvo la mayor cantidad de votos.

EL LADO OSCURO

Postuló tres veces sin éxito a la presidencia, porque las clases medias y altas lo consideraban un radical por sus diatribas contra la elite.

En 2002, cortó su barba, se puso traje y prometió respetar los compromisos financieros de Brasil, lo que cambió su suerte. Su elección como presidente coincidió con el comienzo de una década de auge de las materias primas.

Cuando dejó el Gobierno en 2011, con un apoyo del 80 por ciento en las encuestas, aseguró la elección de la sucesora que el mismo escogió: Rousseff.

Sin embargo, pronto se dejó ver el lado oscuro del legado de Lula. El auge de los precios de las materias primas se desvaneció, golpeando a la economía y mostrando lo poco que se había diversificado Brasil durante los buenos tiempos.

Alguna vez se esperó que Lula postulara nuevamente a la presidencia tras el final del mandato de Rousseff, pero ahora su intención de voto no es mejor que la de políticos opositores.

Aquellos que aún lo apoyan están atónitos.

"Siento angustia al ver lo que le pasa", dijo Claudio da Silva, un desempleado de Sao Paulo quien corría a unirse a una multitud que esperaba para apoyar al ex presidente el viernes.

"Lula es un tipo de orígenes humildes, que llegó a la cima desde el fondo, que dejó un legado de progreso social y un mejor Brasil". (Reporte adicional de Marcelo Teixeira y Natália Scalzaretto.; Editado en español por Javier López de Lérida)

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