Cataluña llega al 9N con la ilusión de votar de forma simbólica

sábado 8 de noviembre de 2014 17:50 CET
 

Por Inmaculada Sanz

BARCELONA, 8 nov (Reuters) - Las calles del centro histórico de Barcelona aparecían engalanadas con banderas catalanas e independentistas el sábado, víspera de una consulta simbólica que la mayoría de los ciudadanos de Cataluña quieren llevar a cabo para expresar su opinión sobre la relación con España.

Decenas de voluntarios desafiaban una jornada gris y lluviosa apostados en mesas improvisadas para informar a la población de cómo se llevará a cabo una iniciativa participativa que ha sido prohibida por el Tribunal Constitucional a petición del Gobierno español pero que aquí se espera que transcurra con normalidad.

"Hay muchas personas, sobre todo los mayores, a las que no les queda claro en qué colegio votarán, porque van a ser menos que en una jornada electoral normal, la participación puede depender también de eso", dijo a Reuters uno de los voluntarios en un puesto bajo el lema "Ahora es la hora" en catalán.

Miles de voluntarios de agrupaciones civiles se han hecho cargo de la organización a raíz de que el Gobierno de Mariano Rajoy dijera que no impediría una consulta organizada por la ciudadanía y no por la Generalitat, que la convocó después de prohibirse el referéndum de autodeterminación para la misma fecha.

Sin embargo, la Fiscalía anunció el sábado que iba a estudiar si el uso de lugares públicos constituía un delito, lo que podría llevar a que se inste a la policía autonómica a incautar unas urnas ya instaladas en los 1.317 centros de votación.

"Dudo mucho de que los Mossos actúen, ellos son catalanes, y los catalanes queremos votar", dijo David Pereira, estudiante de 26 años, que afirmó que votaría en contra de separarse de España, como, según un sondeo reciente, quieren el 48 por ciento de los 7,5 millones de habitantes de la comunidad autónoma.

Cataluña, una región industrial que goza de amplia autonomía dentro de un país a cuya economía aporta una quinta parte, ha vivido en los últimos años un auge del independentismo al calor de una profunda recesión económica en España.

"Se piensan que aquí somos ricos, estuve cinco años viviendo fuera de Cataluña, en Sevilla y Galicia, y te cansas", dijo Jordi, de 42 años, empleado de una tienda de licores junto a la plaza de Sant Jaume, donde un cronómetro gigantesco bajo la bandera catalana marcaba las horas que faltan para la apertura de las urnas.   Continuación...