10 de agosto de 2014 / 14:33 / hace 3 años

A FONDO-Coyotes en Internet: los traficantes de personas que trabajan por Facebook

8 MIN. DE LECTURA

Por Gabriel Stargardter y Patricia Zengerle

SAN PEDRO SULA, Honduras/WASHINGTON, 9 ago (Reuters) - En 1998, cuando Alan Villeda empezó a traficar con personas desde Honduras hacia Estados Unidos, sólo podía comunicarse con sus clientes por teléfono y con mala cobertura.

Hoy en día, su éxito se transmite de boca a boca y sus potenciales clientes lo buscan por Facebook.

Las redes sociales como Facebook y Skype están cambiando -y en algunos casos acelerando- las migraciones que durante décadas han realizado los centroamericanos hacia el norte, brindando mucha información sobre riesgos y beneficios de hacer el viaje, aseguran responsables estadounidenses y hondureños.

Las imágenes y testimonios publicados por inmigrantes que han llegado a Estados Unidos ayudan a acercar a las familias desarraigadas y también a impulsar los negocios de "coyotes" que operan por Internet, como Villeda, que vive en la ciudad La Ceiba, en la costa caribeña de Honduras.

"No necesito hacer publicidad porque Facebook es lo que les hace convencer de irse", dice Villeda, que entra a los cibercafés cada vez que puede para revisar su correo.

"Hay mucha gente que no ha visto a sus familias durante mucho tiempo. Cuando llegan, escriben sobre eso en Facebook", dijo Villeda, en referencia a las publicaciones de inmigrantes acerca de su travesía por la frontera.

Las redes sociales se están convirtiendo en un desafío para los responsables de Estados Unidos y Centroamérica que intentan evitar que la oleada de inmigrantes, incluyendo a decenas de miles de menores no acompañados, llegue a Estados Unidos.

Muchas de esas personas huyen de la violencia y la pobreza.

Responsables estadounidenses dicen que por las redes sociales se propagan confusos rumores sobre una supuesta amnistía en Estados Unidos para las madres que lleguen y para niños, que sumados a una mala interpretación de la reforma migratoria del país, empujan a las personas hacia el norte.

Los coyotes han aprovechado la confusión. Responsables hondureños hablan de contrabandistas que hasta se publicitan en cadenas de radio rurales. Pero para algunos coyotes, Facebook tiene un papel central en sus operaciones.

Aunque no hay información sobre el uso de las redes sociales para la planificación del duro trayecto hacia Estados Unidos, pruebas anecdóticas de contrabandistas, inmigrantes y de la policía sugieren que muchos usan páginas como Facebook para compartir datos, conocer a compañeros de viaje y para comunicarse con clientes y con otros coyotes.

Ramón Sabillón, jefe de la policía nacional de Honduras, dijo a Reuters que su cuerpo vigilaba las redes sociales.

"El objetivo es buscar a los coyotes, a los "polleros", no es buscar a las personas", dijo.

Antes Carnicero, Hoy Contrabandista

"Pollo", un contrabandista guatemalteco que además es carnicero, usa la aplicación de Facebook en su teléfono avanzado para rastrear la ubicación de sus clientes en ruta entre Guatemala y San Diego, California.

Pocos inmigrantes viajan con smartphones. Hay apenas unos 4,2 millones de suscriptores a móviles entre los cerca de 40 millones de habitantes de Centroamérica, según datos de la consultora International Data Corporation.

Por eso Pollo insta a sus clientes a usar los cibercafés en la ruta para avisar a sus familias de que se encuentran bien.

"Es indispensable estar comunicados", dice, y agrega que él usa una aplicación de GPS, que le permite rastrear la ubicación de sus colaboradores por medio de sus teléfonos cuando están llevando a los clientes.

La penetración de Internet en Centroamérica es baja, con una media de casi un 20 por ciento de la población conectada en Honduras, Guatemala y El Salvador, según estimaciones.

Pero aquellos que usan Internet para planificar viajes al norte, dan información muy valiosa para los potenciales inmigrantes sobre los coyotes.

"Las redes sociales ahora les permiten a las familias y a los jóvenes saber de boca de quienes están en Estados Unidos si 'este coyote cumple'", dijo un responsable estadounidense en Washington, que pidió el anonimato para poder hablar libremente.

En poco tiempo, los comentarios llegan a Internet.

"¿Alguien podría recomendarme uno (un coyote) seguro y confiable? Llevo niños", escribió una usuaria en Yahoo Answers. "Yo quiero ser coyote o pollero para ganar buena lana (dinero)", escribió otro usuario.

Negociando Por Facebook

En el cruce fronterizo hondureño de Corinto, mientras cambistas muestran grandes fajos de quetzales guatemaltecos a deportados que se bajan de los autobuses escolares amarillos de Estados Unidos, oficiales de policía con expresión aburrida inspeccionan los papeles de quienes se dirigen hacia Guatemala.

Para el inspector Herlán Vindel, las redes sociales son un tema recurrente.

Sus hombres recientemente interceptaron a dos ecuatorianas cruzando la frontera junto a un coyote guatemalteco. Las mujeres explicaron a la policía que ellas se habían conocido en Internet, y que a su coyote también.

"Toda la negociación se hizo a través de Facebook", dijo Vindel.

A unos cientos de metros de allí, José Martínez, de 26 años, esperaba a que la policía terminara su turno vespertino para aprovechar la pausa y escabullirse hacia Guatemala. No ha visto a su madre desde que dejó Honduras hace 12 años.

Hace un tiempo intentó emigrar al norte con su esposa y su hijo Anthony de 2 años, pero fue atrapado y deportado. Su mujer y el niño pudieron pasar y están con su madre en Los Ángeles.

Las fotos que suben a Facebook de su hijo jugando en el parque, o de su visitas de domingo a un restaurante, lo empujaron a viajar al norte de nuevo.

"Skype ayuda bastante para ver a la familia que está allá (...) si uno está más bonito o feo", dijo riendo, antes de emprender su viaje de 2.200 kilómetros.

Conectándose a su cuenta de Facebook desde un refugio para inmigrantes en el sur de México, Jorge Moncada, de 23 años, subió fotografías suyas colgando de uno de los trenes a los que los inmigrantes trepan conocido como "La Bestia" y posando con un joven que perdió un pie en un viaje en el peligroso tren.

En un intento para llegar a Estados Unidos este verano, Moncada estuvo secuestrado durante 11 días por el cártel del Golfo en el estado de Tamaulipas, fronterizo con Estados Unidos, junto a más de 100 personas antes de que las autoridades mexicanas los liberaran.

Moncada, que partió desde Honduras en mayo en parte para escapar de la homofobia porque es gay, utiliza Facebook para que su familia sepa dónde está y cómo le está yendo.

"No es fácil tener que emigrar y exponer nuestras vidas a cualquier cosa mala que nos pueda pasar en el camino, con tal de buscar tal vez una mejor vida para nuestras familias", escribió en un mensaje en Facebook la semana pasada, debajo de una nueva fotografía suya usando un vestido y una peluca.

Las redes sociales pueden agregar un incentivo para intentar un peligroso trayecto que expone a desesperados inmigrantes al secuestro, robo, violación y hasta la muerte.

En un video de YouTube que asegura mostrar a un coyote diciéndole a una mujer dónde cruzar un río hacia Estados Unidos desde México, en la sección de comentarios las personas comparten correos electrónicos con la esperanza de viajar juntos hacia el norte.

Documentar la migración en redes sociales también puede ser peligroso.

José y su esposa Mayra se mudaron a Estados Unidos desde Guatemala hace 14 años, dejando a su hija con familiares. Tres años atrás pagaron 8.500 dólares para llevarla con ellos después de que su primo fuese secuestrado por un rescate de 30.000 dólares.

José, un trabajador de la construcción de 40 años en Fredericksburg, Virginia, que no quiso dar su apellido porque aún no tiene papeles, dijo que nunca usaría Facebook para estar en contacto con su madre en Guatemala ni subiría fotografías de su vida en Estados Unidos.

"Si la gente ve que tiene un hijo que vive en Estados Unidos, van a pensar 'él tiene dólares'. Podrían buscarla", sostuvo. (Información adicional de Sofía Menchu en Ciudad de Guatemala y de Joanna Zuckerman Bernstein. Escrito por Gabriel Stargardter. Traducido por la Mesa de Santiago de Chile. Edición de María Vega Paúl.)

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