1 de enero de 2014 / 10:45 / hace 4 años

REPORTAJE- Los indigentes de Japón, reclutados para la turbia limpieza de Fukushima

(Para leer este reportaje en PDF link.reuters.com/duv65v)

* Contratadas personas sin hogar con salarios mínimos

* Intermediarios recortan su salario, les cobran por comida, alojamiento

* Algunos dicen mejor sin hogar que endeudados al trabajar

* Escasa regulación de las empresas que consiguen contratos de limpieza

* Mafiosos dirigen a intermediarios laborales, hay arrestos

Por Mari Saito y Antoni Slodkowski

SENDAI, Japón, 1 ene (Reuters) - Antes del amanecer, Seiji Sasa va a la estación de tren de Sendai, en el norte de Japón, para buscar a hombres sin hogar.

No es un trabajador social. Es un reclutador. Los hombres que encuentre son potenciales trabajadores que puede llevar a contratistas en la zona del desastre nuclear de Fukushima por una recompensa de 100 dólares (unos 72 euros) por cabeza.

"Así es como reclutadores laborales como yo vienen todos los días", cuenta Sasa, pasando ante hombres que duermen sobre cartones y se agarran a sus abrigos en una fría mañana de invierno.

También es el modo en el que Japón consigue personas dispuestas a aceptar un salario mínimo por uno de los trabajos más indeseables en el mundo industrializado: trabajar en la campaña de 35.000 millones de dólares financiada por los contribuyentes para limpiar de radiactividad una zona del norte del país más grande que Hong Kong.

Hace casi tres años, un enorme terremoto y el maremoto que provocó arrasaron los pueblos y ciudades de la costa noreste y desataron numerosas fusiones en la central nuclear de Fukushima. Hoy, el plan de limpieza de radiación más ambicioso del mundo va con retraso, acuciado por la falta de supervisión y la escasez de trabajadores, según un análisis hecho por Reuters de contratos y entrevistas a decenas de implicados.

En enero, octubre y noviembre, mafiosos japoneses fueron arrestados acusados de infiltrarse en la red de subcontratas de descontaminación del gigante de la construcción Obayashi y de enviar ilegalmente a trabajadores a este proyecto financiado por el Estado.

En el caso de octubre, unos indigentes fueron reunidos en la estación ferroviaria de Sendai por parte de Sasa y luego puestos a trabajar limpiando tierra y restos en la ciudad de Fukushima por un salario inferior al mínimo, según la policía y relatos de los implicados. Los hombres estaban en una cadena de tres empresas hasta Obayashi, la segunda mayor constructora de Japón.

Obayashi, que es uno de los 20 importantes contratistas implicados en los proyectos de eliminación de la radiación con financiación pública, no ha sido acusada de ninguna ilegalidad. Pero los arrestos han mostrado que los integrantes de las tres mayores mafias del país - Yamaguchi-gumi, Sumiyoshi-kai e Inagawa-kai - han creado agencias de contratación en el mercado negro bajo Obayashi.

"Nos tomamos muy en serio que estos incidentes sigan pasando uno detrás de otro", dijo Junichi Ichikawa, portavoz de la constructora. Agregó que la empresa ha reforzado su vigilancia de las subcontratas en la parte baja de la cadena para eliminar a las mafias, conocidas como la yakuza. "Había aspectos de lo que estábamos haciendo que no iban lo suficientemente lejos".

LA SUPERVISIÓN, EN MANOS DE PRINCIPALES CONTRATISTAS

Parte del problema en vigilar el dinero de los contribuyentes en Fukushima es el enorme número de empresas implicadas en la descontaminación, desde las grandes hasta las subcontratas más pequeñas muchas capas por debajo. La cifra total no se ha anunciado, pero en las 10 localidades más contaminadas y en una autopista que va hacia el norte desde las puertas de la central destrozada, Reuters encontró que hay 733 empresas haciendo obras para el Ministerio de Medio Ambiente, según condiciones parciales de contratos publicados en agosto por el ministerio, de acuerdo con la legislación japonesa de divulgación de información.

Reuters halló 56 subcontratistas en contratos del ministerio por 2.500 millones de dólares en las zonas con más radiación de Fukushima que habrían sido excluidos de obras públicas tradicionales al no haber sido inspeccionados por el Ministerio de Construcción.

La ley de 2011 que regula la descontaminación pone el control en manos de Medio Ambiente, en el mayor programa de gasto gestionado nunca por la agencia creada hace 10 años. La misma ley también relaja en la práctica los controles sobre los que pujan, lo que hace posible que las empresas consigan contratos para eliminar la radiación sin los certificados básicos necesarios para participar en obras públicas como la construcción de carreteras.

Reuters también halló cinco empresas que trabajan para el Ministerio de Medio Ambiente que no pudieron ser identificadas. No tenían un número de registro del Ministerio de Construcción, ni teléfono o página web, y Reuters no pudo encontrar registros corporativos básicos sobre su propiedad. Tampoco había información de ellas en la mayor base de datos del empresas del país, Teikoku Databank.

"En general, en casos como éste, habría que ver si una empresa como esta es real", dijo Shigenobu Abe, investigador en Teikoku Databank. "Después, sería necesario ver si esta es una empresa en activo y en el historial de sus directivos y consejeros".

La responsabilidad por controlar la contratación, el historial de seguridad y el grado de adecuación de cientos de pequeñas empresas que participan en la descontaminación de Fukushima es de las principales contratas, como Kajima, Taisei y Shimizu, según las autoridades.

"En realidad, las grandes contratas gestionan cada obra", dijo Hide Motonaga, subdirector de la división de limpieza de radiación del ministerio de Medio Ambiente.

Pero en la práctica, muchas de las constructoras que participan en el programa de limpieza dicen que es imposible vigilar lo que ocurre sobre el terreno debido al gran número de capas de contratos para cada trabajo que aleja a las grandes empresas de aquellos que hacen el trabajo.

"Si empezaras a investigar a cada persona, el proyecto no avanzaría. No conseguirías una décima parte de la gente que necesitas", dijo Yukio Suganuma, presidente de Aisogo Service, una constructora que fue contratada en 2012 para limpiar los desechos radiactivos en la localidad de Tamura.

La dispersión de pequeñas empresas que trabajan en Fukushima es una consecuencia no intencionada del legado de rígida regulación laboral, combinado con la creciente escasez de trabajadores en un país de población cada vez más envejecida. Las constructoras no pueden permitirse mantener plantillas amplias, y enviar trabajadores temporales a las obras está prohibido. En consecuencia, las empresas más pequeñas cubren el hueco, prometiendo trabajadores a cambio de reducir sus salarios.

Por debajo de estas subcontratas oficiales, una sombría red de delincuentes e intermediarios ilegales que contratan a indigentes también se ha vuelto activa en Fukushima. Los contratos del Ministerio de Medio Ambiente en las zonas más radiactivas de la prefectura de Fukushima son especialmente lucrativas porque el Gobierno paga 100 dólares adicionales al día por trabajador por un plus de peligrosidad.

El Ministerio de Medio Ambiente anunció el jueves que el trabajo en los lugares más contaminados tardará entre dos y tres años más de la fecha tope prevista, marzo de 2014. Eso supone que muchas de las más de 60.000 personas que vivían en la zona antes del desastre no podrán volver a sus casas hasta seis años después del terremoto.

Este mismo mes, el primer ministro, Shizo Abe, que prometió que su Gobierno "asumirá toda la responsabilidad por el renacimiento de Fukushima", reforzó el presupuesto de descontaminación hasta 35.000 millones de dólares, incluyendo fondos para crear una instalación en la que almacenar tierra radiactiva y otros restos cerca de la central dañada.

-- Gráficos en inglés:

Red de contratas: link.reuters.com/wet65v

Reclutamiento de indigentes: link.reuters.com/cem65v

Recortando salarios: link.reuters.com/dem65v

Durante el último año, Sendai, la mayor ciudad en la zona del desastre, se ha convertido en un centro de contratación para hombres sin hogar. Muchos trabajan limpiando escombros del tsunami y en los peores puntos, quitando la tierra en la superficie, cortando rastrojos y limpiando casas alrededor de la central nuclear, según trabajadores y responsables municipales.

Solo un tercio del dinero destinado para salarios por parte de la principal contrata de Obayashi llegó a los trabajadores encontrados por Sasa en la estación. El resto fue recortado por intermediarios, según la policía. Tras deducirles comida y alojamiento, a los trabajadores les queda un sueldo de unos seis dólares la hora, justo por debajo del salario mínimo de unos 6,50 dólares la hora en Fukushima, según datos salariales facilitados por la policía. Algunos de los indigentes acabaron endeudados, agregó.

"No hago preguntas, no es mi trabajo", dijo Sasa en una entrevista con Reuters. "Solo encuentro a gente y los mando a trabajar (...) No me implico en lo que pasa después".

Sasa fue arrestado en noviembre y quedó en libertad sin cargos. La policía estaba interesada en su cliente, Mitsunori Nishimura, un gángster local de Inagawa-kai. Nishimura acogía a trabajadores en residencias atestadas en las afueras de Sendai y quitaba unos 10.000 dólares al mes de fondos públicos previstos para sus salarios, dijo la policía.

Nishimura, que no pudo ser contactado para hacer declaraciones, fue arrestado y multado con 2.500 dólares.

"Parecía un tío tan majo", dijo el gestor del albergue, Yota Iozawa. "Fue mala suerte. No puedo investigarlo todo de cada empresa".

El problema de los trabajadores que acaban endeudados está muy extendido. Shizuya Nishiyama, de 57 años, dice que trabajó brevemente para Shuto recogiendo escombros. Ahora duerme sobre unos cartones en la estación de Sendai. Cuenta que se fue después de una disputa por los salarios, una de varias que tuvo con constructoras, entre ellas dos que gestionaban tareas de descontaminación.

Su primer empleador en Sendai le ofreció 90 dólares al día por su primer trabajo, limpiando escombros. Pero tenía que pagar hasta 50 dólares diarios por alojamiento y comida. Además, tampoco se le pagaba por los días que no podía trabajar, aunque esos días sí se le cobraba el alojamiento y la comida. Prefirió volver a la calle que acabar endeudado.

"Somos un objetivo fácil para los reclutadores", afirmó. "Nos dicen ¿buscas trabajo? ¿Tienes hambre? Y si no has comido, nos ofrecen encontrarnos un trabajo". (Información de Mari Saito y Antoni Slodkowski; Información adicional de Elena Johansson, Michio Kohno, Yoko Matsudaira, Fumika Inoue, Ruairidh Villar y Sophie Knight; Traducido por Teresa Larraz en la Redacción de Madrid)

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