11 de octubre de 2013 / 10:42 / hace 4 años

En su Pakistán natal, hay resentimiento contra Malala

5 MIN. DE LECTURA

Por Mehreen y Zahra-Malik

MINGORA, Pakistán, 11 oct (Reuters) - Para muchos de sus compatriotas, Malala Yusafzai es un títere de Estados Unidos y una agente de la CIA, un símbolo de los demonios de Occidente y de una conspiración global para derribar a su Pakistán natal.

El jueves fue galardonada con el premio Sajarov de derechos humanos de la Unión Europea, y era una de las favoritas al Nobel de la Paz que se entregó el viernes, pero en el valle del Swat, donde nació, amigos y vecinos reaccionaban con una mezcla de resentimiento, temor y envidia.

"Malala está haciendo daño al nombre de Pakistán en el mundo", dijo Mohamad Rizwan, propietario de una tienda en su localidad de origen, Mingora. "No necesitábamos que Malala viniera y nos dijera lo importante que es la educación".

A la vuelta de la esquina de la tienda está la calle donde Malala, de 16 años, recibió un disparo a raíz de desafiar a los talibanes con sus puntos de vista sobre el derecho de las mujeres a la educación.

Sobrevivió después de ser trasladada en avión a Reino Unido para recibir tratamiento y desde entonces se ha convertido en un símbolo de rebeldía contra los extremistas atrincherados en áreas tribales cercanas en la frontera afgana.

Pero en esta parte de Pakistán profundamente conservadora, donde se espera que las mujeres se queden en casa y se guarden sus puntos de vista, mucha gente ve la campaña de Malala con suspicacia.

En una nación proclive a las teorías de la conspiración, algunos incluso han dudado de la sinceridad de su campaña, afirmando que forma parte de un plan de su familia para trasladarse a Reino Unido o de que sólo intenta llamar la atención.

Las redes sociales rebosan de mensajes con insultos. "Odiamos a Malala Yusafzai, una agente de la CIA", dice una página en Facebook.

"Aquí, la gente ha sido cruel con ella. La quieren olvidar. Piensan que es una reina del drama. ¿Pero qué puedes hacer?", dijo Ahmad Shah, una amiga de la infancia del padre de Malala, que la ayudó a escribir su discurso en Naciones Unidas este año.

"Aquí en Swat, hemos visto el infierno que es el gobierno talibán. Y aún así, algunas personas todavía dicen que apoyarían a los talibanes antes que a Malala. A veces la gente nunca aprende".

En una región empobrecida donde la violencia es parte de la vida diaria, algunos de los vecinos de Malala simplemente tenían miedo. Algunos parecían tener ganas de olvidarla y seguir adelante.

Este pintoresco valle fue invadido por los talibanes, que en 2007 impusieron sus estrictas leyes y el miedo entre la gente. Ahora lo controla el ejército paquistaní. Mingora, una localidad polvorienta con calles azotadas por el viento rodeadas de escarpadas colinas, está jalonada con carteles que dicen "Larga vida al Ejército de Pakistán".

No había pósters de Malala.

"Malala es una chica con talento, sin duda", dijo Zahid Jan, líder del organismo antitalibán Swat Peace Jirga que ha sobrevivido a tres ataques contra su vida debido a su trabajo.

"Yo he sido atacado. Disparado. Casi muerto. Pero nadie me está haciendo honores. El Estado no me ha dado ni un céntimo de compensación".

Los talibanes han emitido amenazas de muerte contra ella repetidas veces.

"Ella dice que no quiere vivir como una persona analfabeta en un complejo vallado y pariendo hijos", dijo Shahidulah Shahid, un portavoz talibán paquistaní.

"Su madre y su abuela solían vivir en complejos vallados y parir hijos, así al decir esto ni siquiera estaba excluyendo a su madre".

En el colegio público de Jushal, el edificio de tres plantas donde Malala estudiaba, muchos evitaban mencionar su nombre.

El autobús escolar rojo y amarillo aparcado frente a su puerta de metal era el mismo en el que Malala recibió un disparo el 9 de octubre de 2012. En su clase, su antiguo sitio estaba todavía vacío. Alguien había puesto allí su mochila para recordar su presencia.

Pero no había nada previsto para celebrar el primer aniversario del ataque.

"Queremos que las niñas olviden el trauma de ese día", dijo Nargis Bibi, administradora del colegio. "Queremos que lo olviden. No queremos que lo revivan otra vez. Todos queremos seguir adelante".

Quratulain Ali, la amiga de Malala, dijo tranquilamente: "Todos somos felices en nuestros corazones pero no hablamos abiertamente de ello a menudo. También podría haber peligro para nosotros". (Traducido por Raquel Castillo en la Redacción de Madrid)

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