Las sospechas y malas relaciones echan a perder la oferta de Bouygues Telecom

lunes 4 de abril de 2016 11:07 CEST
 

Por Mathieu Rosemain y Sophie Sassard

PARÍS/LONDRES, 4 abr (Reuters) - Cuando el primer ministro francés, Manuel Valls llamó al multimillonario Martin Bouygues la noche del jueves en un intento de salvar la fusión entre Bouygues Telecom y la compañía de telecomunicaciones controlada por el Estado, Orange, ya era demasiado tarde.

La operación habría creado a un actor dominante en un sector dañado por la fuerte competencia, pero el acuerdo se desplomó el viernes por la mañana, cuando Bouygues decidió no vender su negocio de telecomunicaciones al ex monopolio estatal, a pesar de que él mismo había planteado la idea cuatro meses antes.

El hecho de que Bouygues hubiera confirmado que el poco rentable proveedor de servicios de telecomunicaciones que fundó en 1994 estaba a la venta hizo que tanto sus rivales como el ministro de Economía, Emmanuel Macron, pensaran que el empresario había decidido que no tenía más remedio que vender, dijeron cuatro personas involucradas en las conversaciones que hablaron el sábado y domingo con Reuters.

"Es probablemente debido a esta primera impresión que todos ellos trataron de hundirlo", dijo una de las fuentes, cercanas a Orange, en referencia al Gobierno francés, que tiene un 23 por ciento de Orange, y sus rivales Iliad y SFR .

Para que el acuerdo hubiera salido adelante, Iliad y SFR tenían que haber estado de acuerdo en comprar algunos activos de Bouygues Telecom que aliviara los problemas de competencia.

Portavoces del Ministerio de Economía francés, Orange, Bouygues, SFR y Iliad no hicieron comentarios para incluir en este artículo.

Las semanas de conversaciones fueron la mejor oportunidad en años para contar con un competidor menos y rebajar la presión de la competencia que ha lastrado los beneficios de la industria y alejado el capital necesario para la inversión en redes que mejorasen el servicio en una economía basada cada vez más en los datos.

El fracaso del acuerdo supone un golpe, no sólo para las empresas, sino también para el Gobierno francés.   Continuación...