El hackeo a Apple expone defectos en construcción de apps tras cortafuegos chino

miércoles 23 de septiembre de 2015 10:11 CEST
 

Por Paul Carsten

PEKÍN, 23 sep (Reuters) - El "Gran Cortafuegos" chino puede haber sido en parte culpable del primer gran ataque lanzado a la App Store de Apple, pero los expertos apuntan también a los laxos procedimientos de seguridad de algunas firmas tecnológicas chinas y a la forma en que la propia Apple apoya a los desarrolladores en su segundo mayor mercado.

Un programa malicioso, llamado XcodeGhost, infectó cientos - posiblemente miles - de aplicaciones de Apple iOS, entre ellas otros productos de algunas de las empresas de tecnología más exitosas de China utilizadas por cientos de millones de personas.

La empresa estadounidense de seguridad en Internet Palo Alto Networks, que detectó el problema, dice que el atacante enviaba órdenes a los dispositivos infectados que luego podrían usarse para robar información personal y, en teoría, llevar a cabo actos de 'phising'.

Los piratas se introdujeron en la App Store a través de una versión falsificada de la "caja de herramientas" Xcode de Apple - el software utilizado para crear aplicaciones que se ejecutan en su sistema operativo iOS - que al mismo tiempo era usado por los desarrolladores chinos ya que es más rápido de descargar.

"Me gustaría utilizar la frase de 'convergencia de la ignorancia y la complacencia'", dijo Andy Tian, CEO de Asia Innovations, desarrolladora china de apps. "Ignorancia del lado de Apple y complacencia en el lado de las empresas chinas", añadió.

El incidente fue un golpe para la reputación de algunos de los campeones tecnológicos de China, en lo que algunos fabricantes de apps consideraron daños colaterales por los estrictos controles que Pekín mantiene en Internet dentro de sus fronteras, así como la débil infraestructura digital que le une con el mundo exterior, que hace que las descargas procedentes del extranjero sean lentas e irregulares. (Información adicional de redacción Pekín, Julia Love en San Francisco y Jeremy Wagstaff en Singapur. Traducido por Ana Vicario en la Redacción de Madrid)