Los cocineros venezolanos esquivan la crisis creando restaurantes clandestinos

viernes 12 de junio de 2015 16:57 CEST
 

Por Girish Gupta

CARACAS, jun 12 (Reuters) - Siga por la calle principal, cuente tres semáforos y gire a la izquierda en el tercero. Allí encontrará una caseta de seguridad.

"Es una casa blanca con azul, la entrada es por la puerta del estacionamiento", se lee en el correo electrónico con las instrucciones. "Es imperativo que en la caseta de vigilancia mencione que va a la casa y no a Ciboulette Privé".

La capital venezolana está viviendo un auge de restaurantes clandestinos concebidos para esquivar la crisis económica, la corrupción y el crimen, rememorando los famosos "paladares" que proliferaron en las casas de Cuba durante la década de 1990 tras la caída de su benefactor soviético.

Chefs y propietarios se quejan de que administrar con rentabilidad un restaurante de la manera tradicional es cada vez más problemático, puesto que los controles del Gobierno socialista limitan el aumento de los precios, a pesar de la galopante inflación, y en el país el soborno se ha convertido en la única vía para lograr los permisos.

Además, la creciente delincuencia ha obligado a los comensales a buscar establecimientos privados y más seguros, mientras que la escasez de alimentos que azota al país hace que sea difícil mantener un menú fijo.

"Mantenemos la ubicación de nuestro restaurante en secreto. Nadie lo sabe hasta que nos llama. Es un restaurante ilegal", reconoció la chef principal del Ciboulette Privé, Ana, de 24 años, quien pidió omitir su apellido y la locación exacta del patio de la casa de su prima, en un barrio acomodado de Caracas, donde funciona el mesón.

Los restaurantes privados dan a cocineros y clientes más flexibilidad y, sobre todo, menos escrutinio.

El elegantemente decorado Ciboulette Privé abrió en octubre y sirve a 16 personas cada noche bajo un árbol de mango, rodeado de obras de arte en los muros del jardín y discos de vinilo como manteles individuales.   Continuación...