30 de enero de 2013 / 18:58 / en 5 años

ACTUALIZA 1-Mursi acorta su viaje y busca poner fin a la violencia en Egipto

* El presidente egipcio cancela viaje a París

* Busca inversión extranjera

* Occidente preocupado por violencia post-revolución (Añade información y citas, cambia título y redacción)

Por Edmund Blair y Alexandra Hudson

EL CAIRO/BERLÍN, 30 ene (Reuters) - Las autoridades de una ciudad egipcia redujeron el toque de queda impuesto por el presidente Mohamed Mursi, mientras el líder islamista reducía el miércoles una visita a Europa para abordar la oleada de violencia que ha sufrido al país desde que asumió el poder hace siete meses.

Dos manifestantes más fueron asesinados a balazos antes del amanecer cerca de la plaza central de El Cairo, un día después de que el jefe del Ejército egipcio advirtiera que el estado quedaría al borde del colapso si los oponentes y partidarios de Mursi no ponen fin a los enfrentamientos callejeros.

Más de 50 personas han muerto en los últimos siete días de protestas de los opositores de Mursi, aumentando la preocupación a nivel global sobre si el líder islamista puede restaurar la estabilidad en el país árabe más poblado.

Mursi impuso el toque de queda y el estado de emergencia el domingo en tres ciudades del canal de Suez, pero eso solo pareció provocar a los manifestantes en una semana de episodios violentos en el segundo aniversario de la revuelta que derrocó a Hosni Mubarak.

El gobernador de Ismailia, una de las tres ciudades del canal, anunció el miércoles la reducción del toque de queda, que ahora entraría en efecto por la noche a partir de las 02:00 en lugar de a las 21:00 hora local.

Debido a la crisis, Mursi ha acortado su visita europea, cancelando sus planes para viajar a París después de Berlín, y volverá a El Cairo el miércoles.

Desde Berlín, Mursi pidió diálogo a sus opositores pero no se comprometió a cumplir la demanda de un primer acuerdo que incluya una unidad gubernamental.

Cuando se le preguntó por la propuesta, el presidente dijo que el próximo Gobierno se formará tras las elecciones parlamentarias en abril.

Egipto va camino a convertirse en “un estado civil, que no es un estado militar o teocrático”, afirmó.

Cerca de la plaza Tahrir de El Cairo el miércoles por la mañana decenas de manifestantes lanzaron piedras a la policía, que respondió con gases lacrimógenos, aunque los enfrentamientos duraron poco.

“Nuestra demanda es simplemente que Mursi se vaya y que deje solo el país. Es igual que Mubarak y su gente que ahora están en prisión”, dijo Ahmed Mustafa, de 28 años, que llevaba gafas sobre la cabeza para protegerse del gas lacrimógeno.

El político de oposición Mohamed ElBaradei pidió una reunión entre el presidente, ministros, el partido en el Gobierno y la oposición para detener la violencia.

Pero también volvió a plantear la precondición de la oposición de que Mursi se comprometa primero con buscar un gobierno de unidad nacional, que Mursi hasta ahora ha rechazado.

Sus detractores acusan a Mursi de traicionar el espíritu de la revolución manteniendo demasiado poder en sus propias manos y en las de los Hermanos Musulmanes, el movimiento islamista prohibido con Mubarak y que ha ganado en repetidas elecciones desde el levantamiento de 2011.

Los partidarios de Mursi dicen que los manifestantes quieren derrocar al primer líder egipcio elegido democráticamente. Los disturbios han impedido volver a la estabilidad antes de las nuevas elecciones parlamentarias previstas para dentro de unos meses, y han empeorado una crisis económica que ha visto caer la moneda en las últimas semanas.

Los peores incidentes han tenido lugar en la ciudad de Puerto Said, en el canal de Suez, donde el descontento se visto avivado por la aprobación de penas de muerte para unos aficionados al fútbol por unos sangrientos enfrentamientos el año pasado. Mursi respondió el domingo anunciando el estado de emergencia durante un mes y el toque de queda en Puerto Said y otras dos ciudades del canal de Suez.

Información adicional de Yasmine Saleh, Marwa Awad, Stephen Brown, Gernot Heller en Berlín y Arshad Mohammed en Washington; Escrito por Peter Graff; Traducido por Raquel Castillo en Madrid y la Mesa de Santiago de Chile; Edición de Cristina Fuentes-Cantillana en la Redacción de Madrid

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