18 de diciembre de 2012 / 15:28 / en 5 años

Desde el centro de Damasco, la guerra cada vez se ve más cercana

(Esta historia ha sido elaborada por periodistas independientes, cuyos nombres se han ocultado por razones de seguridad)

DAMASCO, 18 dic (Reuters) - Desde el centro de Damasco, los sirios pueden ver las columnas de humo que se elevan al cielo y sentir los edificios que tiemblan con las explosiones, advirtiéndoles de que la línea del frente se acerca cada vez más.

Las mismas plazas en las que el presidente Bashar el Asad solía atraer a decenas de miles de personas que le mostraban su apoyo están ahora vacías y rodeadas con muros de cemento de hasta dos metros de altura.

Damasco se prepara para la llegada de una guerra civil que dura ya casi dos años, a medida que las fuerzas rebeldes prosiguen su avance, y la ansiedad se refleja en los rostros de los habitantes del centro de la capital.

"Hay miedo y dolor en los corazones de la gente, una sensación de desesperación y de parálisis por la enormidad de la crisis", declaró Suad, una arquitecto que vive en el barrio de Salihiya. "El sonido de todas las diferentes explosiones - mortero, artillería y cazas - sugiere que el frente se está acercando".

Esta ciudad antigua ha sobrevivido a varias conquistas durante los siglos, desde Alejandro Magno a los primeros califas árabes y los cruzados. Saqueada por invasores mongoles en el siglo XV, luego fue tomada por los turcos y finalmente conquistada por ejércitos europeos el siglo pasado. Ahora, Damasco vuelve a estar bajo ataque, esta vez de su propio pueblo.

El domingo, los cazas bombardearon el distrito de Yarmuk, donde viven refugiados palestinos y que es una de las zonas más densamente pobladas de la capital, con edificios de cemento encaramados unos sobre otros. El ataque aéreo, que se cree causó 25 muertos, fue el más cercado al centro de la ciudad, a poco menos de dos kilómetros.

El Ejército ha advertido a los empobrecidos habitantes de Yarmuk que huyan antes de la operación de "limpieza" que piensa lanzar, mientras los bombardeos se sumaban a una semana de peleas intestinas entre palestinos a favor y en contra de Asad.

Una nueva oleada de miles de personas busca refugio. Son las últimas víctimas de la violencia que ya ha obligado a marcharse a miles de habitantes de los barrios de los alrededores de Damasco a medida que los rebeldes refuerzan su control sobre las afueras de la capital y sobre todo los distritos del sur.

La familia de Um Hassan huye por tercera vez en unos meses, tras escaparse de sendos asedios a barrios en manos de los rebeldes. Ahora, el apartamento en el que viven de alquiler en Yarmuk vuelve a estar en zona de combate.

"Una vez más, nos tenemos que mover. De verdad, no sé cuándo va a acabar esto", afirmó. "Dios nos ayude".

NO HAY LUGAR SEGURO

Asad tiene apoyos en Damasco entre sus compañeros alauíes que temen represalias colectivas si él cae, e incluso cristianos preocupados por la presencia de islamistas radicales suníes entre los rebeldes. También muchos damascenos de la amplia mayoría suní, por una vuelta a la estabilidad y por temor a que la marcha de Asad pueda dejar solo caos.

Otros rezan para que huya, con la esperanza de que así termine la guerra.

Al margen de su opinión política, para los civiles la seguridad es lo primero. Familias y amigos con casas en los barrios más céntricos de la capital han estado acogiendo a refugiados asediados. Pero hay síntomas de que esa generosidad podría estar llegando a su límite.

"Me he mudado a casa de mis padres junto con toda la familia de mis hermanos. La casa de mi mujer está llena con sus tías y tíos. ¿Quién tiene sitio ahora?", dijo Issam, un residente en el centro de Damasco. "La mayoría de las familias que conozco están así, y quiero saber qué va a pasar con los refugiados que vienen ahora".

Esta semana, caminando hacia casa de sus padres desde el trabajo piensa que algunas de las nuevas personas que se han quedado sin hogar han encontrado una nueva opción: "En algunos distritos comerciales, las persianas que cubren los escaparates no están cerradas con llave".

"Si miras dentro, puedes ver familias enteras que se han mudado dentro. No se pueden ir a casa".

A pesar del flujo hacia el centro de la ciudad, todavía relativamente seguro, los alquileres han bajado y algunos apartamentos están vacíos.

"Alquilo mi casa por el 70 por ciento de lo que solía hacerlo, y eso cuando puedo encontrar un inquilino", dijo un vecino. "Uno pensaría que la demanda debería subir (...) pero hay una sensación de que no hay un lugar realmente seguro".

Están apareciendo redes informales de caridad, aunque muchos residentes que temen la ira de las fuerzas de seguridad de Asad siguen manteniendo su trabajo en secreto.

Wael, que ha organizado una campaña benéfica semanal con un grupo de estudiantes universitarios, elige un enfoque distinto cada semana para ayudar: "A veces hacemos paquetes para niños. A veces para mujeres, a veces para hombres", dijo.

"Esta semana vamos a centrarnos en los de Yarmuk". (Traducido por Teresa Larraz y Teresa Medrano)

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