15 de febrero de 2008 / 12:59 / hace 10 años

Los alfareros chinos intentan salvar esta artesanía milenaria

QIHE COUNTY, China (Reuters) - Liu Hao ayudó a revivir la antigua artesanía de la cerámica negra después de la turbulenta Revolución Cultural.

Ahora con 70 años se enfrenta a una tarea aún mayor: mantener su arte vivo en una época de copias baratas y una cada vez mayor conciencia medioambiental.

En un modesto taller en Qihe County, no muy lejos del Río Amarillo en la provincia de Shandong, en el este del país, Liu y sus trabajadores transforman el barro de las orillas del "Río Madre" de China en brillantes jarrones negros con intrincados grabados.

Aquí, a la sombra de fábricas y en una activa línea férrea, el tiempo parece haberse detenido.

Trabajando casi de la misma forma que lo hacían los artesanos hace 5.000 años, Liu y sus colegas tardan alrededor de un mes por pieza en modelar, darle forma y grabarla - y finalmente, cocerla - para producir su peculiar terminación negra y brillante.

El meticuloso proceso termina en un producto final relativamente caro: el precio medio de las piezas es de unos 1.000 yuanes (unos 100 euros), pero algunas piezas pueden costar hasta 50 veces esa cifra.

Eso trasladado a un próspero mercado de copias piratas, en un país donde el promedio de ingresos de los habitantes de las ciudades es menos de 2.000 dólares al año y donde la piratería produce falsificaciones de todo, desde pinturas hasta ropa de diseño.

Liu, que ha sido un devoto de su arte toda su vida, no está dispuesto a rebajar la calidad de sus productos para competir. Pero reconoce que para seguir con su pasión por salvaguardar esta tradición china, tendrá que ir al ritmo de los tiempos.

"El arte necesita desarrollarse. Se necesita cambiar las cosas viejas para mantenerlas", dijo.

Por un lado, Liu ha mecanizado la parte menos artística del proceso, el amasamiento del barro. Ha introducido nuevos diseños, y está experimentando añadiendo carbono activo a la arcilla para que los jarrones puedan actuar como purificadores de aire.

Incluso ha creado un centro de investigación para respaldar esos cambios.

Quizá lo más importante es que Liu está buscando la forma de asegurar que su arte milenario no cae víctima de la cada vez mayor concienciación medioambiental en China, que ha provocado que el Gobierno cierre las fábricas más contaminantes y otras industrias.

Para conseguir el característico efecto negro, los jarrones y vasijas tienen que cocer durante un día entero con la combustión de madera, carbón y otros carburantes, lo que provoca las críticas en algunos círculos.

"Nuestro próximo paso es reducir la polución. Purificaremos el humo que sale del horno y experimentaremos con el uso de otros combustibles como gas o electricidad", dijo Liu.

"Queremos que nuestros productos también sean 'verdes'".

/Por Kitty Bu y Jason Subler/

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