Muere con 82 años Chinua Achebe, el abuelo de la literatura africana

viernes 22 de marzo de 2013 18:38 CET
 

LONDRES (Reuters) - El novelista y poeta nigeriano Chinua Achebe, considerado el abuelo de la literatura moderna africana, ha muerto a los 82 años.

Achebe adquirió notoriedad hace más de 50 años con su novela "Todo se desmorona", con la que por primera vez se contaba la historia del colonialismo desde la perspectiva africana.

Como novelista, poeta, presentador y lector, Achebe fue un referente para generaciones de escritores africanos. Sus libros han sido durante décadas una introducción al poder de la literatura para los niños de todo África.

El presidente sudafricano, Jacob Zuma, describió a Achebe como un "coloso de la literatura africana" y expresó su pésame por su muerte

Nelson Mandela, que leyó las obras de Achebe en prisión, dijo que "en su compañía, los muros de la prisión se venían abajo".

En "Todo se desmorona", publicado en 1958, Achebe habla del fatal choque entre el grupo étnico Igbo con los colonizadores británicos en el siglo XIX, la primera historia sobre la colonización europea escrita desde el punto de vista africano para una audiencia internacional. El libro fue traducido a 50 lenguas y ha vendido más de 10 millones de copias a nivel mundial.

Posteriormente se centró en la devastación perpetrada en Nigeria y toda África mediante golpes militares y regímenes dictatoriales.

"Hormigueros de la sabana", publicado en 1987, está ambientado en los momentos posteriores a un golpe militar en un ficticio país africano, donde el poder se ha corrompido y la brutalidad estatal silencia todo menos a los más valientes.

El dolor por la muerte de Achebe se extendió por toda Nigeria, y particularmente en el sudeste, en la tierra de los Igbos.   Continuación...

 
El novelista y poeta nigeriano Chinua Achebe, considerado el abuelo de la literatura moderna africana, ha muerto a los 82 años, informó el viernes la editorial Penguin. En la imagen, Chinua Achebe en Ciudad del Cabo en una fotografía de archivo de septiembre de 2002. REUTERS/Mike Hutchings