27 de febrero de 2013 / 10:59 / en 5 años

El Papa habla de "mares embravecidos" en una emotiva despedida

Benedicto XVI tuvo el miércoles una emotiva despedida en su última audiencia general, al decir que comprendía la gravedad de su decisión al convertirse en el primer pontífice que renuncia en casi 600 años, pero que lo había hecho por el bien de la Iglesia católica. En la imagen, el Papa en su audiencia general del 27 de febrero de 2013 en el Vaticano. REUTERS/Alessandro Bianchi

CIUDAD DEL VATICANO (Reuters) - El papa Benedicto XVI tuvo el miércoles una emotiva despedida en su última audiencia general en el Vaticano, en la que admitió que hubo “mares embravecidos” que marcaron su pontificado, “cuando parecía que el Señor estaba durmiendo”.

En una inusual muestra de efusividad en público para un hombre sumamente reservado, el líder de los católicos aludió a los momentos más complicados de su papado, asediado por escándalos de abusos sexuales, filtraciones de documentos privados y noticias sobre disputas entre sus asesores más cercanos.

“Gracias, estoy muy conmovido”, dijo Benedicto XVI ante una multitud de más de 150.000 personas congregadas en la plaza de San Pedro, un día antes de convertirse en el primer Papa en renunciar en 600 años.

Afirmó que tenía mucha confianza en el futuro de la Iglesia católica, que su decisión de renunciar fue tomada pensando en el bien de la institución y pidió a los fieles que recen por los cardenales que elegirán a su sucesor en un momento de crisis.

El Vaticano dijo que el discurso, interrumpido varias veces por los aplausos y gritos de “Benedicto, Benedicto”, fue el último emitido por el pontífice, que desde el jueves por la noche tendrá el título de Papa emérito.

“Hubo momentos de alegría y luz, pero también momentos que no fueron fáciles (...) Hubo momentos, tal como se han sucedido en la historia de la Iglesia, en que los mares estuvieron embravecidos y el viento sopló en contra, cuando pareció que el Señor estaba durmiendo”, manifestó.

Cuando concluyó su discurso, el público, entre los que se encontraban muchos cardenales con mitras rojas, se puso de pie para aplaudir.

“Di este paso en completa conciencia de su gravedad y rareza, pero también con profunda serenidad”, dijo Benedicto XVI.

Amar a la Iglesia significó “tener el coraje de tomar elecciones difíciles y angustiosas, siempre teniendo en mente el bien de la Iglesia y no el de uno mismo”, sostuvo.

El pontífice dijo que se sentía demasiado mayor y débil para continuar liderando a una Iglesia inmersa en una crisis por los escándalos de abusos a niños por parte de sacerdotes y filtraciones de documentos confidenciales del Vaticano que mostraban corrupción y rivalidad entre autoridades internas.

El líder católico sostuvo que no estaba “bajando de la cruz” pese a renunciar a su puesto, sino que permanecerá al servicio de la Iglesia a través de la oración. Pidió a sus fieles que oraran por los cardenales y por el prelado que elegirán para sucederlo.

Algunos de quienes reprobaron su decisión de renunciar citaron al fallecido Juan Pablo II, quien dijo que “no bajaría de la cruz” pese a su debilitada salud porque creía que su sufrimiento podía inspirar a otros.

CRISIS DE LA IGLESIA

Muchos católicos quedaron asombrados por la decisión de Benedicto XVI y preocupados por el impacto que tendría sobre una Iglesia plagada de divisiones.

Pero la mayoría de las personas en la plaza rezaron por el futuro del Papa, que mostró una creciente fragilidad en los últimos meses.

“Hizo lo que tenía que hacer en conciencia ante Dios”, dijo la hermana Carmela, procedente de una ciudad al norte de Roma, que vino a la capital con varias monjas y miembros de su comunidad parroquial.

“Este es un día en que llamamos a confiar en el Señor, un día de esperanza”, añadió. “No hay espacio para la tristeza hoy. Tenemos que rezar, hay muchos problemas en la Iglesia, pero tenemos que confiar en el Señor”, agregó.

No todos están de acuerdo con su pontificado.

“Fue un desastre. Es algo bueno para todos que renuncie”, dijo Peter McNamara, de 61 años, un australiano que dijo que estaba en la plaza para ser “testigo de la historia”.

Ratzinger se trasladará el jueves a la residencia papal de verano al sur de Roma, dejará las “sandalias del pescador” de color rojo que han sido parte de su atuendo papal y usará los mocasines marrones que le regaló un zapatero durante un viaje a León, México, el año pasado.

Utilizará una “sotana blanca simple”, y su sello y su anillo, conocido como el “anillo del pescador”, serían destruidos como indica la norma de la Iglesia.

El Vaticano dijo el martes que el Papa estaba revisando documentos para ver cuáles permanecerían en los archivos de su papado y cuáles eran personales. Estos últimos serían trasladados a su nueva residencia.

Entre los documentos que quedarán para el nuevo Papa está un informe confidencial confeccionado por tres cardenales sobre los llamados “Vatileaks”, surgidos el año pasado cuando el ex mayordomo de Benedicto XVI reveló documentos privados que revelaban corrupción al interior del Vaticano.

El jueves, Benedicto XVI saludará a los cardenales de Roma, muchos de los cuales deben formar parte en el cónclave para elegir a su sucesor.

Por la tarde, a las 16:00 GMT, volará en helicóptero a la residencia papal de Castel Gandolfo, un viaje de 15 minutos.

En ese lugar saludará desde la ventana a los residentes de la localidad, la que será su última aparición pública como Benedicto XVI.

A las 20:00, la Guardia Suiza se retirará en una señal de que el papado está vacante.

/Por Philip Pullella/

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