Disidente cubana Yoani Sánchez, recibida con una pequeña protesta en Brasil

lunes 18 de febrero de 2013 20:14 CET
 

RECIFE, Brasil (Reuters) - Yoani Sánchez, la cara más conocida de la disidencia cubana, fue recibida el lunes en Brasil por un pequeño grupo de partidarios del gobierno comunista de la isla que le llamaron agente de la CIA, en la primera escala de una gira internacional.

La bloguera sonrió y dijo que ojalá sus compatriotas cubanos tuvieran la misma libertad para protestar.

Los manifestantes, alrededor de ocho estudiantes de izquierdas de una universidad local, le gritaron "¡Vendida!" y "¡Agente de la CIA!", dijo un fotógrafo de Reuters que estaba en el aeropuerto de la norteña ciudad de Recife.

"¡Viva la democracia! Quiero democracia también en mi país", respondió la bloguera.

Sánchez, de 37 años, ha irritado a las autoridades comunistas de Cuba con las críticas publicadas en su blog Generación Y y sus denuncias en la red social Twitter.

El Gobierno cubano considera a los disidentes como Sánchez mercenarios a sueldo de Estados Unidos y otros enemigos.

Brasil es la primera escala de una gira de 80 días que Sánchez realizará por una decena de países, incluyendo visitas a las sedes de Google, Twitter y Facebook en Estados Unidos.

La bloguera, a quien en los últimos años el Gobierno cubano negó 20 veces el permiso para viajar al extranjero, obtuvo hace dos semanas su pasaporte como parte de una reforma migratoria que facilitó la salida de los cubanos al exterior.

"Estoy muy feliz. Han sido cinco años de lucha", dijo a medios brasileños en alusión a sus esfuerzos por viajar al extranjero para recibir una serie de premios ganados durante los últimos años por los relatos de su vida en Cuba.   Continuación...

 
Yoani Sánchez, la cara más conocida de la disidencia cubana, fue recibida el lunes en Brasil por un pequeño grupo de partidarios del gobierno comunista de la isla que le llamaron agente de la CIA, en la primera escala de una gira internacional. En la imagen, Sánchez camina entre partidarios tras llegar al aeropuerto de Guararapes mientras unos manifestantes protestan al fondo, el 18 de febrero de 2013. REUTERS/Helia Scheppa