15 de febrero de 2013 / 10:00 / hace 5 años

Para el nuevo papa, tres tallas de hábito: pequeño, medio o grande

En Gammarelli, una discreta sastrería revestida de roble en el centro de Roma, sus trabajadores ya deberían estar confeccionando las suntuosas vestimentas para el nuevo papa, en tallas pequeñas, medianas o grandes, a fin de que quien quiera que sea elegido cuente con la medida perfecta. En la imagen, varias personsa miran tres vestimentaspapales en la sastrería Gammarelli de Roma, el 14 de abril de 2005. REUTERS/Alessia Pierdomenico

ROMA (Reuters) - En Gammarelli, una discreta sastrería revestida de roble en el centro de Roma, sus trabajadores ya deberían estar confeccionando las suntuosas vestimentas para el nuevo papa, en tallas pequeñas, medianas o grandes, a fin de que quien quiera que sea elegido cuente con la medida perfecta.

Pocos de los turistas que pasan por esta zona de camino al Panteón, uno de los grandes templos antiguos de Roma, prestan atención a la tienda situada en el número 34 de la vía Santa Chiara. Los residentes locales que saben que se trata del sastre del pontífice son un poco más curiosos.

“Parece como si ya tuvieran todo listo”, dijo un transeúnte, mirando hacia la ventana de la sastrería de indumentaria eclesiástica de 200 años de antigüedad, especulando sobre cómo sería la vestimenta del futuro Papa.

La tradición dicta que deben confeccionarse tres juegos de la misma indumentaria antes del nombramiento del nuevo papa, a fin de que estén listas para ser usadas sin importar quién es elegido, ya sea Timothy Dolan, el corpulento arzobispo de Nueva York, o el diminuto cardenal Luis Antonio Tagle de Filipinas.

Una vez que el humo blanco empiece a salir de la Capilla Sixtina, lo que significará que hay un nuevo pontífice, las religiosas del Vaticano realizan las modificaciones de última hora a las túnicas, para que se ajusten perfectamente al nuevo pontífice, quien deberá salir con sus nuevas ropas al balcón para presentarse ante el mundo.

Dentro de la tienda, llena de retratos de ex pontífices y sus antiguas túnicas, al personal se le ordenó no hablar con los periodistas, en momentos en que la prensa mundial tiene la atención puesta en Roma.

La reticencia podría tener algo que ver con la atención -no del todo bienvenida- que recibió el guardarropa de Benedicto XVI en sus casi ocho año de papado.

Su debilidad por revivir indumentarias que no habían sido vistas en generaciones y una serie de sombreros extravagantes llevaron al Wall Street Journal a preguntarse si “¿El Papa viste de Prada?”. La revista Esquire lo nombró el “rey de los accesorios”, tras elogiarlo por sus mocasines de cuero rojo.

La extensa cobertura mediática finalmente llevó al diario del Vaticano a responder diciendo que esas informaciones eran “frívolas”.

“En conclusión, el Papa no viste de Prada, sino de Cristo”, dijo el l‘Osservatore Romano.

NADA DE PRADA

Los mocasines rojos de Benedicto no eran de Prada. Al menos un par de ellos fue hecho a mano por Antonio Arellano en un pequeño taller de zapatería en una estrecha calle cerca de la Plaza de San Pedro, donde un flujo constante de clientes manda a arreglar sus zapatos.

Lejos de las tiendas de diseñador al otro lado del Tíber, el local de Arellano, con su olor a pegamento y estantes de pulidores de zapatos, es poco destacable, excepto por el hecho de que debido a su ubicación cuenta con el Papa como un cliente fiel.

“Cuando era cardenal, venía aquí como cualquier persona normal para arreglar sus zapatos”, dijo Arellano, un inmigrante peruano que desde 1998 posee un local en Borgo Pio, el barrio romano vecino a la Ciudad del Vaticano.

Satisfecho con el trabajo de Arellano, el entonces cardenal Ratzinger le pidió zapatos fabricados a mano.

Con las medidas del líder católico ya tomadas, Arellano pudo crear los distintivos mocasines rojos que el Pontífice usó cuando colocó al ex Papa Juan Pablo II camino a la santidad durante su ceremonia de beatificación en 2011.

Aunque se espera que Benedicto XVI se retire a un departamento dentro del Vaticano, Arellano anhela que siga siendo su cliente, incluso aunque no lo visite más en persona.

“Esperemos que en el futuro el nuevo papa también sea mi cliente, si lo es, aleluya, otro más (...) Trabajar para él sería fantástico”, declaró.

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