Científicos británicos imitan plantas para crear combustible sin emisiones

lunes 21 de enero de 2013 12:30 CET
 

LONDRES (Reuters) - Científicos británicos que tratan de encontrar formas más eficientes de energía solar están investigando cómo imitar la forma en la que las plantas transforman la luz del sol en energía y producir hidrógeno como combustible para los vehículos.

Así se unirán a otros investigadores de todo el mundo que estudian la fotosíntesis artificial mientras los gobiernos tratan de recortar las emisiones de gases de efecto invernadero de combustibles fósiles.

La investigación utilizará biología sintética para replicar el proceso por el cual las plantas concentran energía solar para dividir el agua en hidrógeno y oxígeno, que luego se libera a la atmósfera.

"Construiremos un sistema para fotosíntesis artificial colocando pequeños paneles solares sobre microorganismos", dijo la directora de la investigación, Julea Butt, en la Universidad de East Anglia (UEA).

"Estos captarán la luz del sol y conducirán la producción de hidrógeno, sobre la cual las tecnologías para liberar energía bajo demanda están muy avanzadas".

El hidrógeno es un combustible con cero emisiones que puede hacer funcionar vehículos o ser transformado en electricidad.

"Imaginamos que nuestros fotocatalizadores resultarán ser versátiles y que con una ligera modificación podrán aprovechar la energía solar para la manufactura de combustibles basados en carbón, medicamentos y químicos refinados", agregó.

El proyecto valorado en 800.000 libras será llevado a cabo por científicos de la UEA y las universidades de Cambridge y Leeds.

Los científicos creen que copiar la fotosíntesis podría ser más eficiente en aprovechar la energía solar que los actuales transformadores solares.   Continuación...

 
Científicos británicos que tratan de encontrar formas más eficientes de energía solar están investigando cómo imitar la forma en la que las plantas transforman la luz del sol en energía y producir hidrógeno como combustible para los vehículos. En la imagen de archivo, dos trabajadores preparan equipo para medir dióxido de carbono en Bartenikha, Bielorrusia, el 7 de abril de 2011. REUTERS/Vasily Fedosenko