Una película marroquí trastoca los estereotipos de Hollywood

domingo 23 de diciembre de 2012 17:43 CET
 

DUBAI (Reuters) - Cuando el director John Slattery visitó Marruecos por primera vez, se encontró con algo desconcertantemente familiar, lejos de las imágenes de un exótico Oriente evocado por Hollywood.

Esa dicotomía entre la representación y la realidad de Marruecos impulsa las alabanzas de Slattery hacia un país que ama claramente y hace que "Casablanca, Mon Amour" sea una réplica amable a la cultura popular de Estados Unidos.

En la cinta, dos jóvenes marroquíes pasan tres semanas viajando por su país nativo, grabando lo que ven con una cámara digital mientras pasan por estudios y lugares que han formado parte del escenario de muchos éxitos de taquilla de Hollywood, una industria que ha cultivado Marruecos.

La película cuenta con declaraciones de gente corriente perpleja o nerviosa que expresa a la cámara sus pensamientos sobre Hollywood y sus grandes estrellas, así como vídeos de clásicos como "Casablanca" con insultos antiárabes improvisados como "no se puede confiar en ellos" y "todos parecen iguales".

"Tuvimos la idea de hacer este viaje y ser el equipo de esta estúpida película estadounidense que va a hacer una película tradicional utilizando Marruecos, pero queríamos trastocarlo", dijo Slattery después de una proyección en el festival de cine internacional de Dubái.

"Realmente no hay un guión pero el viaje fue su viaje y por eso donde quiera que fueran, los seguimos. De esa manera estaban dirigiendo la película".

Rodado por Hassan, quien narra el viaje por carretera en francés, las imágenes van desde escenas de la vida cotidiana tomadas por la cámara a su cómica relación con su compañero de viaje Abdel, o a un grupo con el que se topan en Meknes y que toca música tradicional marroquí conocida como "malhun".

Hassan, estudiante en la vida real en aquel momento, utiliza el viaje para un proyecto de clase, mientras que Abdel quiere visitar a un tío moribundo que se encuentra en el otro extremo del país.

Slattery incluye secuencias de la televisión marroquí sobre el festival de cine de Marrakech en las que el cómico Bashar Skeirej declara que "un país sin su propio arte nunca tendrá una historia".   Continuación...