18 de noviembre de 2012 / 12:57 / hace 5 años

El orgullo de la lengua catalana alimenta el debate independentista

BARCELONA, España (Reuters) - Puede que Barcelona sea la segunda ciudad más grande de España, pero algunos turistas de este destino mediterráneo pueden llevarse una sorpresa al descubrir que señales de tráfico, anuncios y menús no están en español, sino en otra lengua romance: el catalán.

Puede que Barcelona sea la segunda ciudad más grande de España, pero algunos turistas de este destino mediterráneo pueden llevarse una sorpresa al descubrir que señales de tráfico, anuncios y menús no están en español, sino en otra lengua romance: el catalán. En la imagen, un cartel publicitario escrito en catalán en un calle de Barcelona. REUTERS/Gustau Nacarino (SPAIN - Tags: POLITICS)

Durante los casi 40 años de la dictadura de Francisco Franco, el catalán no estaba bien visto por las autoridades y se hablaba sobre todo dentro de casa.

Desde el regreso a la democracia en los años 70, los catalanes, que son en su mayoría bilingües, han invertido tiempo y dinero en proteger el idioma por temor a que desaparezca.

Cataluña ya tenía una tensa relación con Madrid al percibir un tratamiento injusto en tiempos de crisis económica. Pero la indignación aumenta ante cualquier indicio de campañas por “españolizar” la región, como dijo hace poco el ministro de Educación, José Ignacio Wert, refiriéndose a que quería aumentar el peso del español en los colegios.

La idea de que Madrid amenaza el modelo de inmersión en catalán ha alimentado los sentimientos separatistas y ayuda a ganar apoyo para los partidos proindependencia antes de las elecciones parlamentarias del 25 de noviembre.

Si el presidente de la región, el nacionalista Artur Mas, resulta reelegido con mayoría absoluta, podría tener una legislatura en la que intentar que el Gobierno español autorice un referéndum sobre la independencia, que el Gobierno central considera anticonstitucional.

Sondeos recientes muestran que más de la mitad de los catalanes quieren separarse de España, el nivel más alto de la historia.

“No tenemos ningún problema con los españoles pero sí con el Estado español. Cuando alguien tiene una actitud agresiva contra ti, resulta provocador”, dijo Ricard Domingo, agente literario y miembro de un consejo escolar de una escuela pública de Barcelona.

ESTOFADO LINGÜÍSTICO

Las leyes catalanas requieren que profesores, médicos y funcionarios hablen catalán. Toda la educación primaria y secundaria se imparte en este idioma, y el español se enseña en una asignatura específica. Las empresas se enfrentan a multas si no tienen etiquetas de productos y carteles en catalán.

Cualquiera que hable en español recibirá respuestas en español, pero los extranjeros que se instalan en Cataluña dicen que necesitan aprender el idioma local para socializar. Los políticos y empresarios catalanes hablan cada vez mejor inglés, y atribuyen su fluidez a que son bilingües.

En el Starbucks del paseo barcelonés de La Rambla, los cafés se anuncian en catalán, pero los clientes piden tranquilamente en español e inglés.

Madrid dice que teme que las nuevas generaciones pierdan el contacto con el castellano, algo que los catalanes niegan.

“El bilingüismo forma parte de nuestro ser. El español jamás desaparecería incluso si consiguiéramos la independencia”, dijo Raúl León, un médico de 39 años que fue educado en el plan de inmersión catalán de las escuelas públicas en los años 80, y que escribe recetas en ambos idiomas.

El diario catalán La Vanguardia, el cuarto en circulación en España, empezó a imprimir una edición en catalán el año pasado, pero el español sigue siendo el idioma dominante en quioscos, librerías y la mayoría de las cadenas de televisión.

Cuando Josep González era pequeño, en los años de Franco, hablaba catalán en casa pero no aprendió a escribirlo hasta el final de su adolescencia. Ahora escribe todos sus correos electrónicos en esa lengua.

“El catalán es una herencia que no queremos perder, un tesoro”, dijo González, presidente de una asociación con sede en Barcelona de pequeñas y medianas empresas llamada PIMEC. “Debemos conservarlo, pero eso no implica que castiguemos a los castellanoparlantes”.

González añadió que el sentimiento proindependencia está creciendo entre los miembros de PIMEC por la impresión de que la política nacional no siempre va en favor de los intereses catalanes.

Domingo, el agente, se mostró de acuerdo.

“Nunca me había considerado un separatista, pero esto es una falta absoluta de respeto”.

/Por Tracy Rucinski/

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