1 de noviembre de 2010 / 9:18 / hace 7 años

PERFIL- La presidenta electa de Brasil, aún un enigma en el país

Por Brian Winter y Natuza Nery

JUIZ DE FORA, Brasil, 1 nov (Reuters) - A continuación algunos consejos para quien se reúna con la flamante presidenta electa de Brasil, Dilma Rousseff (también conocida como “Stela” en la época de la dictadura militar).

Primero, hablar rápidamente. Y segundo, si está buscando congraciarse con ella, probablemente no es buena idea sugerir que se necesitan grandes reformas para que Brasil conserve su título de una de las economías emergentes de crecimiento más acelerado del mundo.

En una entrevista con Reuters, previa a su victoria en las elecciones presidenciales del domingo, rechazó de plano que fuera a avanzar en grandes recortes presupuestarios o a cambiar algunas de las más restrictivas leyes laborales a nivel mundial.

Preguntada sobre si era posible que Brasil siguiera creciendo a un ritmo anual de un 7 por ciento sin tales reformas, Rousseff movió la cabeza, sonrió e interrumpió: “¿Brasil está creciendo (así de rápido) ahora?”, preguntó. “Bueno, entonces es posible”, concluyó.

La apuesta de Rousseff es que será capaz de crear millones de empleos, mejorar las infraestructuras y escuelas y aprovechar la recién descubierta riqueza petrolera sin desviarse sustancialmente del conjunto de planes de bienestar y políticas de mercado que hicieron a su ex jefe, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, popularísimo tanto en casa como en Wall Street.

Tras su holgada victoria electoral en segunda vuelta que la convirtió en la primera presidenta de Brasil, ahora Rousseff podrá impulsar una mayor presencia estatal en el estratégico sector del petróleo.

Los bancos estatales van a seguir teniendo una participación importante en la economía, pero el temor a que Rousseff gobierne a la izquierda de Lula, como manifestaron algunos inversores y opositores, parece exagerado.

Un examen del período en que fue ministra de Minas y Energía y después jefa de Gabinete muestra a una tecnócrata exigente, que desdeña abiertamente las ineficiencias vistas con frecuencia en el sector público y que se rodea de los miembros más pro mercado del Partido de los Trabajadores (PT).

CARCEL, TORTURA Y MILITANCIA

Rousseff ha minimizado la importancia de su juventud activista, cuando fue encarcelada durante casi tres años y torturada por sus captores militares. Pero la verdad es que, si bien la época no la define, es fundamental para entender su surgimiento en la política brasileña.

Hija de un adinerado inmigrante búlgaro que escapó de la opresión política en su propio país, Rousseff se unió a grupos de resistencia radicales de izquierda conocidos como Colina poco después de entrar a estudiar economía en la Universidad Federal de Minas Gerais.

Los grupos de izquierda que proliferaron en todo Brasil nunca se involucraron en el combate a gran escala o representaron una seria amenaza contra el Gobierno militar. Por el contrario, consistieron principalmente en células lejanamente afiliadas en áreas urbanas que robaban bancos, hacían detonar bombas y secuestraban y mataban a figuras políticas.

El segundo esposo de Rousseff, Carlos Araújo, también era activista de izquierda y su compañero de lucha.

Según Araújo, las responsabilidades de Rousseff consistían principalmente en “coordinar” las acciones de varias células. Cuando los militares actuaron contra los grupos de izquierda, ambos se echaron a la fuga durante meses y utilizaron apodos, incluyendo, en su caso, el de “Stella”.

Rousseff “nunca tomó un arma”, dijo Araújo. “Ella nunca disparó un tiro”, agregó.

Uno de los asesores de campaña de Rousseff, Fernando Pimentel, contó que la pareja fue capturada pronto. Ella padeció torturas “extremadamente crueles” mientras estaba en prisión incluyendo reiteradas descargas eléctricas, precisó.

“La llevaron al límite”, expresó Pimentel.

Incluso antes de su encarcelamiento, Rousseff comenzó a desplegar una línea pragmática que definiría su carrera.

Pimentel dijo que “fue una de las primeras de nosotros en darse cuenta” de que las guerrillas eran superadas en armamentos y estaban mal organizadas y no tendrían éxito en el derrocamiento de los militares.

De hecho, tras su liberación de prisión en 1973, Rousseff nunca miró para atrás. Reanudó sus estudios en economía y abandonó totalmente la línea dura de la resistencia.

“Del mismo modo en que entramos rápidamente en ese mundo, también lo abandonamos rápidamente”, contó Araújo. Ahora están divorciados, pero siguen siendo amigos y el coche aparcado en la entrada de la casa de él en Porto Alegre tiene una enorme calcomanía de Dilma en la ventana trasera.

Rousseff cultivó un amor por la poesía y la literatura - uno de sus escritores favoritos es el novelista francés Marcel Proust - y dio a luz a su único retoño, su hija Paula.

Pero nunca hubo indicios de que emergería por encima de su condición de funcionaria pública de nivel medio.

“Yo le di a Dilma su primer trabajo (de alta jerarquía gubernamental) debido a su coraje en la lucha armada”, dijo Alceu Collares, un ex gobernador del estado meridional de Rio Grande do Sul, quien convirtió a Rousseff en la primera secretaria de Energía de ese estado a comienzos de la década de 1990. “Siempre admiré a esa gente”, agregó.

Rousseff, quien en los años transcurridos desde entonces trabajó en un comité de expertos regionales y fue asesora de sindicatos de comercio, adquirió con el tiempo la reputación de una administradora eficaz, si bien modesta.

Como secretaria de Energía trabajó bien con compañías del sector privado para ayudar a conectar algunas de las lagunas en la red energética del estado para evitar los apagones que plagaban al resto de Brasil, dijo Olivio Dutra, otro antiguo gobernador.

Rousseff comenzó la campaña como un enigma, incluso dentro de algunos círculos políticos en Brasilia.

La cifra de votantes que reconocía su nombre sumaba menos del 10 por ciento y su nominación no cayó bien a algunos dentro del PT que querían a un candidato más conocido y con mayor experiencia.

Eso ayuda a explicar por qué, desde el primer día, Rousseff construyó su candidatura sobre un mensaje de continuidad de las políticas de Lula, apareciendo a su lado en mítines y en la televisión tan frecuentemente como le fue posible.

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