21 de junio de 2013 / 10:23 / en 4 años

ENFOQUE - Los jóvenes españoles miran al campo para capear la crisis

* El desorbitado paro empuja a volver al sector primario

* Incorporación de jóvenes al campo aumenta 79 pct en 2012 -estudio

* El desencanto urbano y la crisis invitan a volver al medio rural

Por Rodrigo De Miguel

MADRID, 21 jun (Reuters) - Recoger patatas es el último empleo que Jorge Ibáñez, de 20 años, pensaba que iba a realizar cuando dejó los estudios para ayudar económicamente a su familia, pero ahora mismo no hay otro trabajo para él.

"Llevo un mes y medio cogiendo patatas. Estamos las horas que haga falta, dependiendo de la cantidad de trabajo que haya. Mi madre trabaja como limpiadora, gana poco dinero y tengo que ayudarla (...) Esto lo hago porque no hay nada (de trabajo)", dijo Ibáñez, que vive con su hermano de ocho años, su madre y su padrastro en la localidad murciana de Pozo Estrecho.

La crudeza de la crisis ha golpeado a los jóvenes españoles con un paro del 57 por ciento, y ha abocado a Ibáñez, amante de la Historia, a aceptar a regañadientes un trabajo duro que los españoles rechazaron durante el boom económico iniciado a finales de los 90, cuando estas labores pasaron a realizarlas principalmente los inmigrantes.

Ibáñez, que dejó sus estudios de bachillerato hace dos años, considera que su trabajo en el campo es temporal y, aunque espera conseguir un empleo mejor en su país, no descarta probar suerte en el extranjero, como han hecho miles de jóvenes desde que en 2008 comenzó una crisis económica de la que España aún no se ha recuperado.

Atajar el paro juvenil en Europa se ha convertido en una prioridad para sus dirigentes, temerosos de que el colectivo que más cree en el proyecto europeo vea frustradas sus expectativas vitales a causa de una oleada de austeridad presupuestaria que está retrasando la recuperación económica.

El desempleo juvenil será un tema central de la próxima cumbre de líderes de la UE el 27 y 28 de junio, y habrá una conferencia sobre este tema en Berlín el 3 de julio.

Ante esa amenaza del desempleo, el caso de Ibáñez pone de manifiesto una tendencia cada vez más frecuente: los jóvenes españoles están volviendo al campo para afrontar la crisis, desde casos desesperados como el suyo en busca de cualquier empleo a destajo hasta otros enfoques innovadores y más meditados.

"UN INTERÉS SIN PRECEDENTES"

El número de jóvenes que solicitó ayuda el año pasado para incorporarse al sector primario aumentó un 79 por ciento respecto a la media de los cinco años anteriores, según un estudio de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), que lo calificó de "un interés sin precedentes para acceder a la profesión de agricultor y ganadero".

"El joven que está ahora instalado en el campo lo hace porque hay una situación económica negativa y busca una salida no en la construcción, el turismo o la restauración, sino de vuelta a la agricultura, y en la agricultura hay ciertas expectativas", dijo José Luis Miguel, director técnico de COAG.

Daniel Mercader, que nunca había trabajado antes en el sector primario, es uno de esos jóvenes que ha decidido hacer el camino inverso al que hace décadas hicieron sus antepasados y volver a su pueblo, Bonastre, en Tarragona.

Hastiado de su vida como comercial en Barcelona, donde trabajó en más de 40 empresas, decidió poner en marcha un huerto ecológico en el que cultiva tomates, berenjenas, pimientos, pepinos y otras hortalizas que después vende a través de Internet con la ayuda de su socio informático.

"No tengo ni idea, sigo aprendiendo. Cada año hemos tenido pérdidas o algún problema debido a la ignorancia o a los problemas particulares de alguna planta", dijo este catalán de 36 años.

En este fenómeno de retorno al sector primario, sobre el que penden grandes incertidumbres como la actual negociación de las subvenciones que concederá la UE para los próximos años, convergen a menudo unas desesperantes situaciones laboral y personal.

Mercader dijo que se marchó a trabajar al pequeño terreno familiar de 3.000 metros cuadrados en busca de un equilibrio personal y económico que no lograba con sus anteriores trabajos en la ciudad, en una decisión largamente meditada.

"He vendido de todo -desde enciclopedias hasta software, pasando por productos de telefonía móvil para empresas- y, cansado de no estar satisfecho con lo que estás haciendo, me dije que vender me gusta pero quería vender algo que me llegue a creer, que no engañe a nadie y que sea verdad", dijo, añadiendo que espera que su negocio sea rentable este año.

Mercader reconoció que actualmente, muchos jóvenes no pueden ni elegir ni planificar su vuelta al campo, y simplemente retornan para trabajar en las explotaciones familiares tradicionales.

"Los padres que trabajaban en el campo querían que sus hijos estudiasen una carrera, ahora el efecto no es tanto que la gente convencida vaya al campo, sino que estos hijos no tienen más remedio que volver al campo porque no hay trabajo", dijo Mercader.

Carmen Quintero tiene a sus espaldas 28 años, dos carreras universitarias y un sinfín de exámenes de oposiciones en Andalucía, pero ningún empleo relacionado con sus estudios de Trabajo Social y Administración y Finanzas.

En cambio, trabaja en la explotación agrícola de 15 hectáreas propiedad de su familia en la localidad cordobesa de Puente Genil, Córdoba.

"Vi la necesidad de ser el relevo generacional (...) Hay que echarle muchísimo valor en este momento para meterse en la actividad agrícola, pero ahora mismo da para comer", dijo.

URBANITAS QUE BAJAN A LA TIERRA

La vuelta al medio rural no implica necesariamente desarrollar una labor tradicionalmente asociada al campo.

Abraza la Tierra es una organización que lleva desde 2006 facilitando la vuelta al mundo rural de urbanitas que puedan desarrollar su propio trabajo en un pueblo.

"(El mejor perfil es el de) cualquier profesión liberal que te permita trabajar con una conexión a Internet. Periodistas, arquitectos, diseñadores gráficos o publicistas", dijo Eva María González, coordinadora de la red de oficinas de esta agrupación.

El perfil mayoritario para acceder a un área rural cercana a Madrid, por ejemplo, es el de una pareja de unos 35 años, con estudios superiores y sin hijos, que buscan reducir sustancialmente sus gastos y estrés.

"No es lo mismo una vivienda en un pueblo, donde puedes alquilar una gran casa por 300 euros al mes, que en Madrid o Barcelona, donde no es asequible para la mayoría de la gente. Se gana mucho en calidad de vida, en espacio, en tiempo", dijo González.

La asociación dijo que en los tiempos de crisis ha recibido una gran cantidad de solicitudes de gente que procedía de sectores de difícil colocación, como el de la construcción, y reconoció que generalmente no pueden ayudar a estas personas porque el hundimiento inmobiliario tras más de una década de boom del sector también afectó al mundo rural.

Pese a tener todo en su contra, sigue habiendo gente que tienen claro que su futuro está lejos de la ciudad.

"A veces llegan personas que no saben a qué se van dedicar. Te dicen que les da igual, que lo único que quieren es largarse de Madrid", dijo. (Información de Rodrigo de Miguel; Editado por Inmaculada Sanz)

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