8 de agosto de 2011 / 7:38 / hace 6 años

ANÁLISIS- BCE vuelve a sacar la artillería contra crisis deuda

6 MIN. DE LECTURA

Por Paul Taylor

PARIS, 8 ago (Reuters) - El Banco Central Europeo sacó su gran manguera contra los incendiados mercados de bonos de la zona euro, pero luego ésta se convirtió en un raquítico aspersor.

Como cabía esperar, el fuego no se fue y, de hecho, las llamas se avivaron hasta acercarse a los pies de Italia y España, tercera y cuarta economías de la eurozona, respectivamente.

Tres días después, el consejo de gobierno del BCE decidió en una reunión telefónica de emergencia el domingo cambiar repentinamente de estrategia y recurrir de nuevo a la gran manguera.

La institución podría convertirse en el reticente propietario de decenas de miles de millones de euros de deuda italiana y española, dentro de una estrategia de alto riesgo dirigida a evitar una debacle financiera en Europa.

No es la primera vez desde el origen de las inquietudes por la deuda soberana de la zona euro a finales de 2009 que los guardianes de la moneda única se han visto forzados por los acontecimientos a dar un giro de 180 grados.

La dubitativa respuesta al último y peligroso tramo en el que ha entrado la crisis ilustra cómo las restricciones políticas están dificultando aún más que Europa encuentre soluciones eficaces.

El bloque de los 17 países del euro carece de un prestamista de último recurso y sus políticos y banqueros centrales siguen debatiendo sobre quién debería interpretar ese papel.

Los líderes europeos pensaron que habían construido un cortafuegos en la cumbre de emergencia del pasado 21 de julio cuando acordaron el segundo rescate de Grecia, el eslabón más débil de la cadena del euro, y aprobaron nuevas medidas para evitgar un contagio a ptros países.

Pero tras un rebote de alivio de 24 horas, los inversores dieron un suspenso al complejo acuerdo, al que tildaron de insuficiente para atajar el problema de raíz y vieron una ventana de vulnerabilidad antes de que las medidas tuviesen efecto.

Ante las masivas ventas de deuda de Italia y España que forzaron a estos países a asumir costes de financiación inasumibles, el BCE optó el jueves pasado por comprar sólo pequeñas cantidades de bonos irlandeses y portugueses.

"¿Qué vamos a hacer con una brigada de bomberos que responde a una gran emergencia pero luego se dirige al lugar equivocado y se niega a apagar el fuego real", se preguntó Holger Schmieding, economista del alemán Berenger Bank.

Con estas medias tintas, el BCE tensionó deliberada o accidentalmente los mercados de bonos de Roma y Madrid. La rebaja del rating crediticio de Estados Unidos el pasado viernes hizo el resto.

Sin una acción decisiva por parte del banco central, la crisis de la zona euro se encaminaba hacia una espiral sin control este del lunes y los líderes de la UE mantuvieron durante el fin de semana frenéticas consultas telefónicas.

Bajo una enorme presión por parte de sus pares europeos, el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, accedió apresuradamente el viernes a adelantar en un año (a 2013) el objetivo de equilibrio presupuestario.

Además, se comprometió a anclar este equilibrio en la constitución del país y a impulsar las retrasadas reformas de la seguridad social y el mercado laboral tras conversaciones con patronal y sindicatos.

Los expertos más avezados sobre Italia dudan que estas vagas promesas de un gobierno debilitado se transformen en reformas rápidas en un parlamento fraccionado, donde la autoridad de Berlusconi disminuye mientras se enfrenta a un juicio pro presunto fraude y relaciones sexuales con una menor.

Algunos banqueros centrales esperaban que al dejar a Italia moverse durante algún tiempo más a los designios de los mercados se conseguiría que Roma finalmente renunciase a los hábitos de toda una vida.

Eso era antes de que Standard & Poor's arrojase una granada a los mercados al rebajar la calificación de la deuda de Estados Unidos a AA+ con perspectiva negativa el viernes, causando quizás los peores temblores en el sistema financiero mundial desde el colapso de Lehman Brothers en 2008.

Ahora el BCE se ha visto empujado al gran compromiso, que insiste en que es temporal, de comprar bonos italianos y españoles para estabilizar a los mercados.

Los líderes de la zona euro acordaron el mes pasado permitir que el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) de 440.000 millones de euros comprar bonos en el mercado secundario bajo estrictas condiciones, así como concender préstamos preventivos a países con dificultades.

Pero esos nuevos poderes no entrarán en vigor hasta que los parlamentos nacionales aprueben los cambios, probablemente a finales de septiembre. Además, las dos principales naciones de la eurozona, Alemania y Francia, no quieren incrementar el volunen del FEEF al preocuparse por sus propias finanzas.

Para hacer más llevadero el cambio de política del BCE, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, prometieron que el fondo europeo asumiría la responsabilidad de la recompra de bonos en el mercado secundario una vez que se hiciesen efectivas las nuevas funciones del FEEF.

Pero los mercados podrían no quedar convencidos de que estas instituciones tengan la energía política y la capacidad de disparo financiero necesarias para proteger a Italia del peligro de manera duradera a no ser que consiga una improbable conversión a la disciplina fiscal y el crecimiento económico.

Los críticos dicen que las pasadas compras de bonos del BCE sólo tuvieron un efecto calmante temporal y que no evitaron los ulteriores rescates de Grecia, Irlanda o Portugal.

"A la larga creemos que la actual presión vendedora forzarán al BCE y el FEEF a tener cerca de la mitad de los bonos que se negocian de Italia y España, unos 850.000 millones de euros", dijeron economistas de RBS en una nota de análisis.

Esta enorme cantidad de deuda de países del sur de Europa podría suponer una mutualización "de facto" del riesgo de deuda de la zona euro y podría causar un contragolpe político en el norte de Europa.

Y aunque el fuego remita por el momento, prepárense para más incendios.

Editado por Michael Roddy; traducción de Jose Elías Rodríguez

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