2 de septiembre de 2016 / 18:57 / hace un año

Cuando nada se mueve: España sigue encallada tras el segundo "no" a Rajoy

Por Carlos Ruano

MADRID, 2 sep (Reuters) - No pudo ser. El calendario político español sigue varado en el diciembre de 2016, cuando Mariano Rajoy pasó a gobernar el país en funciones tras las elecciones más reñidas de la democracia.

El líder del partido más votado protagonizó el viernes la segunda investidura fallida tras la dictadura al no convencer a ninguno de los que se oponen a su mandato de abstenerse para quebrar la interinidad ejecutiva que entra en su noveno mes.

Al igual que en la votación del miércoles -cuando era necesaria mayoría absoluta- Rajoy recibió el respaldo de 170 diputados, a seis de la cifra que habría permitido un gobierno teniendo en cuenta que los 180 diputados restantes dijeron “no”.

La falta de confianza hacia el PP o hacia su líder fueron los argumentos esgrimidos por los opositores para negar una posibilidad de desbloqueo protagonizada por Rajoy.

Particularmente virulentos fueron los ataques entre los dos mayores partidos, con Rajoy y el líder del PSOE Pedro Sánchez acusándose mutuamente del apagón institucional y mostrando una rivalidad casi epidérmica que no permite abrigar muchas esperanzas de acercamiento si no cambian sus actores.

Después del intento también fallido de Sánchez en marzo tras no lograr unir a la izquierda ni “a las fuerzas del cambio”, los dos líderes están empatados en investiduras fallidas.

ALIADOS IMPRESCINDIBLES, LÍDERES ANTAGÓNICOS

Rajoy dedicó gran parte de su discurso del viernes a atacar al líder socialista, Pedro Sánchez, quien con sus 85 diputados ha negado cualquier acercamiento por activa y por pasiva.

“El grupo socialista se niega a permitir la constitución del único gobierno que parece viable sin ofrecer ninguna alternativa”, dijo Rajoy acusando a Sánchez de albergar un “deseo poco confesable” de celebrar terceras elecciones.

Rajoy apeló al momento histórico y a la responsabilidad del PSOE y recordó que los dos partidos que se han repartido la gobernanza en las últimas décadas, se necesitan el uno al otro.

“No somos aliados potenciales, somos aliados imprescindibles para las cosas que importan a los españoles”.

Sánchez, en un discurso inmovilista, lanzó unas pinceladas enigmáticas al cierre de su discurso al afirmar: “si actuamos todos con altura de miras y con generosidad estoy convencido de que encontraremos esa solución y no les quepa duda de que el Partido Socialista formará parte de esta solución”.

Pero si la “solución” no llega -las elecciones regionales en Galicia y País Vasco el 25 de septiembre podrían abrir un nuevo escenario o también un hipotético cisma en la Ejecutiva del PSOE o un cambio del candidato a la presidencia (el líder de Ciudadanos, el partido que ha apoyado a Rajoy en su intento, llegó a hablar el viernes de un “candidato del PP viable”)- el 31 de octubre se convocarán las terceras elecciones en un año.

La fecha prevista era el 25 de diciembre, considerado por muchos como un elemento más de presión para evitar una situación que hace unas semanas ningún grupo consideraba probable.

Pero ahora que la tozuda realidad ha demostrado una vez más la dificultad de avanzar si no hay empujes, el propio Partido Popular se ha mostrado dispuesto a trabajar para cambiar una fecha que podría disparar una abstención que muchos temen ya elevada sin una convocatoria en el festivo más familiar del año.

El portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando, reconoció el viernes que, llegado el caso, tomarán medidas para evitar la señalada fecha, entre ellas acortando la campaña. Aquí, de nuevo, haría falta consenso político para modificar la ley electoral, aunque en este asunto todas las fuerzas coinciden.

LA INERCIA ES FINITA

“El no gobierno tiene coste, pasará una larga factura y tendremos que pagarla todos los españoles”, dijo el viernes Rajoy para añadir que unas terceras elecciones tendrían costes irreparables independientemente de su resultado.

Mientras la exigencia de un acuerdo empieza a ser un clamor popular algunos empiezan a advertir de los efectos del parón institucional sobre una economía que todavía no se ha visto particularmente afectada mientras sigue haciendo caja y creando empleo precario con el “sol y playa” y se consolida como tercer destino turístico del mundo.

Pese a la parálisis política, el PIB encadenó a junio el duodécimo crecimiento trimestral consecutivo gracias a la inversión privada, el consumo de los hogares y unas exportaciones que siguen mostrando inercia.

Aunque todavía no se observan síntomas de desaceleración en el tercer trimestre, el ministro de Economía ha advertido de que la falta de gobierno frenaría el crecimiento además de dificultar avanzar en los compromisos fiscales con Bruselas incumplidos el año pasado y que requieren nuevas medidas para aumentar la recaudación fiscal.

La falta de un presupuesto congelará inversiones públicas y diversos analistas consideran que determinadas decisiones de inversión privada podrían también aparcarse.

“Tengo desde noviembre del año pasado un proyecto de inversión con un grupo del sector inmobiliario que busca diversificar en tecnología, pero están paralizados en espera de gobierno, si hay otras elecciones acabará cayendo”, explica David Rodríguez, empresario de 39 años, propietario de una start-up tecnológica. (Editado por Tomás Cobos)

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