BREAKINGVIEWS- BCE enfrenta círculo vicioso en compra de deuda

martes 14 de agosto de 2012 11:39 CEST
 

(El autor es columnista de Reuters Breakingviews. Las opiniones son propias)

Por Neil Unmack

LONDRES, 14 ago (Reuters) - Si el Banco Central Europeo quiere que funcione el programa de compra de deuda soberana anunciado recientemente, debe abordar la cuestión de la preferencia en el cobro de deuda. Los inversores necesitan saber que el banco central no estará por delante en una eventual reestructuración de deuda, como ocurrió con el reciente rescate de Grecia. Pero resolver ese problema provocaría otro: que el BCE podría acumular pérdidas en sus posiciones de deuda, lo que podría traducirse en transferencias masivas dentro de la zona euro desde la periferia a los países nucleares, avivando así un riesgo moral.

Mario Draghi se ha comprometido a tratar el problema de la prelación (un orden establecido) para el cobro, pero no ha dicho cómo. Si los inversores piensan que los bonos en manos del BCE tienen prioridad sobre los suyos, aumentará la preocupación sobre eventuales pérdidas y subirán las rentabilidades, justo lo contrario de lo que trata de conseguir el BCE.

Un simple comunicado del BCE renunciando a su estatus de acreedor preferente podría no ser suficiente. El BCE podría demostrar a los mercados sus intenciones, por ejemplo, asumiendo descuentos en sus posiciones de deuda griega. Pero incluso eso podría no resultar convincente. Una forma radical de abordar la prelación de cobro sería que los fondos de rescate de la euro zona protegiesen al BCE de eventuales pérdidas, como hace el Tesoro británico para el Banco de Inglaterra.

Pero resolver el problema del orden en el cobro ("seniority", en inglés) presenta otro problema de corte moral. Mario Draghi lidia con el problema insistiendo en que los gobiernos acepten un rescate y un programa de reformas antes de comenzar a comprar bonos. Pero todavía existe el riesgo de que los inversores vendan bonos en masa si creen que los gobiernos flaquean en su determinación reformista o si no pueden conseguirlo económicamente. Entonces, el BCE tendría que comprar cantidades ingentes de bonos para estabilizar las rentabilidades o darse por vencido. En ambos casos, las consecuencias políticas podrían ser sombrías.

El intento del BCE de concentrar su potencia de fuego en los vencimientos de corto plazo sugiere que aquí podría haber un camino. El BCE podría luego arreglar las rentabilidades sin exponerse a ventas masivas de deuda. Pero comprar bonos con vencimiento de hasta tres años supondría, según esperan algunos, que tendría que comprar hasta 500.000 millones de euros de deuda solo de España e Italia, o incluso menos si los inversores domésticos controlan sus nervios. Es mejor centrarse en los bonos de menor plazo, digamos de un año, y alargar los vencimientos mientras los gobiernos continúan con sus reformas. Podría no ser el bazuca que esperan los mercados, pero podría tener su fuerza y mantener a los gobiernos alerta.

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