En España, el sol se nubla para el pequeño inversor fotovoltaico

jueves 20 de junio de 2013 15:46 CEST
 

Por Jose Elías Rodríguez

MADRID, 20 jun (Reuters) - Desde el otro lado de la línea telefónica, la voz de Ángel Miralda, un pequeño productor catalán de energía solar fotovoltaica, transmite decepción por una política energética española que tuvo que cambiar el paso forzada por la prolongada recesión económica.

En 2008, año el que se prejubiló, este ingeniero industrial reunió parte de sus ahorros y la indemnización de 36 años de trabajo en IBM antes de acudir a su oficina bancaria para solicitar un préstamo con el que financiar el 70 por ciento de su inversión en un huerto solar en Benamarre, Huesca, junto con otras ocho personas en régimen de cooperativa.

"Me decidí porque el tema energético siempre me había interesado y veía que era una alternativa importante que podía contribuir al desarrollo económico de nuestro país", recuerda Miralda a Reuters.

Por aquel entonces, la todavía expansiva economía española soñaba con convertirse en referente mundial en el desarrollo de energías alternativas llegando a desbordar las expectativas de un Gobierno que no se planteó poner cupo a la expansión verde.

Precisamente, el crecimiento incontrolado y los rigores del presupuesto, combinados con el endémico déficit de la tarifa eléctrica, llevaron a los dos últimos gobiernos a recular, cambiando radicalmente las reglas del juego y poniendo en riesgo la viabilidad de miles de pequeños proyectos solares.

Tras sucesivos recortes a las primas, los ingresos que hoy recibe Miralda por su parte en la instalación de 500 kilovatios ya no bastan para cubrir los gastos de mantenimiento y pagar las cuotas de un préstamo con cláusula suelo para el que puso su propia vivienda como garantía.

Según la Asociación Nacional de Productores de Energía (Anpier), a la que pertenece Miralda, su caso ilustra los padecimientos de decenas de miles de pequeños inversores, muchos de ellos agricultores que colocaron placas solares en sus tierras para complementar su jubilación con el aliento inequívoco del Estado y que ahora han visto desplomada la remuneración de sus "huertos" solares en un 40 por ciento.

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