24 de enero de 2013 / 12:32 / en 5 años

Las inmobiliarias aprietan a la banca en la renegociación crediticia

Las principales inmobiliarias españolas están intensificando negociaciones con la banca acreedora para tratar de conseguir acuerdos en los que compartan las fuertes pérdidas generadas por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria tras el fuerte proceso de saneamientos y ante las negras perspectivas del sector. En la imagen, un cartel de venta de pisos de protección oficial en el exterior de un edificio de casas en las afuerzas de Madrid, el 7 de diciembre de 2012.Susana Vera

MADRID (Reuters) - Las principales inmobiliarias españolas están intensificando negociaciones con la banca acreedora para tratar de conseguir acuerdos en los que compartan las fuertes pérdidas generadas por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria tras el fuerte proceso de saneamientos y ante las negras perspectivas del sector.

"Se están acelerando las negociaciones para tratar de atajar el problema inmobiliario tras el proceso de provisiones de los bancos y el riesgo de que las inmobiliarias acaben condenadas a la liquidación por no poder pagar unos créditos que superan con mucho el valor de los activos con los que están respaldados", explicó una fuente de una de las grandes inmobiliarias españolas.

Con pérdidas en el valor de los inmuebles de entre el 30 y el 40 por ciento y que se disparan hasta más del 80 por ciento, las inmobiliarias buscan acuerdos con los acreedores que reduzcan en similar porcentaje el dinero adeudado aprovechando que los bancos ya han cubierto con cargo a resultados esas diferencias.

"Hace un tiempo, las entidades trataban a toda costa de evitar provisiones, pero tras los decretos que imponían duros saneamientos que se han cargado contra resultados, lo normal es sacar cuanto antes de los balances unos créditos que consumen capital", explicó una fuente bancaria. "Máxime cuando las perspectivas del sector son malas (...) ya se renegociaron y refinanciaron créditos pensando que el sector se iba a recuperar y se ha visto que no es así".

Empeñado en limpiar un sector bancario contaminado por los excesos inmobiliarios, el Gobierno español ha obligado a las entidades a aumentar las coberturas sobre activos tóxicos en 84.000 millones de euros, en su mayor parte durante 2012.

El problema de las inmobiliarias cotizadas en España - incapaces de devolver créditos ante el hundimiento del mercado- se ha afrontado por parte de los bancos desde distintos frentes en los últimos años, pero gran parte de ellas están en suspensión de pagos o en procesos cercanos a la liquidación convirtiéndose en los auténticos ángeles caídos del mercado bursátil tras una década de ganancias estratosféricas.

En la que llegó a ser la mayor inmobiliaria nacional, Metrovacesa, los bancos optaron por desembarcar en el capital de la empresa canjeando la deuda por acciones, en una estrategia que se ha desvelado inútil con el tiempo, llevando a los propios bancos hace un mes a lanzar una opa de exclusión para liquidar los activos.

"Se ha visto ya que la fórmula utilizada en Metrovacesa no sirve, el coste de oportunidad juega un papel fundamental y si los créditos están provisionados, cuanto antes se cierre un acuerdo, mejor", dijo otra fuente bancaria.

A los problemas incuestionables de un sector que ha visto caer en picado la demanda de viviendas con una recesión y un paro sin precedentes en el país, se suma el hecho de tener que competir con el conocido como "banco malo", que para reflotar el sector bancario nacional ha aplicado haircuts medios del 45,6 por ciento en créditos inmobiliarios y del 63,1 por ciento en los activos traspasados por las entidades nacionalizadas y que presionará sobre los márgenes ya en muchos casos negativos de las inmobiliarias.

AMENAZA CONCURSAL

Tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, centenares de inmobiliarias, desde grandes empresas cotizadas como Martinsa Fadesa a otras de menor tamaño como Lábaro o Nozar, han presentado concurso de acreedores para proteger sus activos ante la imposibilidad de hacer frente a sus deudas, lo que ha complicado notablemente el cobro de las mismas.

De hecho, éste es otro punto de presión de unas inmobiliarias que aseguran que no pueden enfrentar el futuro si han de devolver unos créditos sobre unos activos que, en algunos casos, cuestan ahora menos de la mitad.

La cotizada Reyal Urbis, sin ir más lejos, negocia con los bancos para evitar un concurso de acreedores y pretende entregar o vender los activos con descuentos a cambio de la deuda y evitar el concurso quedándose con dos o tres activos rentables.

"En un proceso de concurso, no se llega hasta el activo, el que sea que te toque, hasta dentro de dos años, es preferible buscar un proceso de liquidación ordenado", explica un banquero. "Aunque es muy difícil porque entre los bancos hay prioridades diferentes".

Pese a tener renegociado el crédito de su filial Vallehermoso hasta 2015, Sacyr reconoce que también negocia con los bancos para buscar una solución a la pata del negocio que se ha convertido en el principal lastre de la matriz.

El hecho de que los bancos han empezado a ser más proclives a la venta con descuento lo demuestra el hecho de que Vallehermoso aceleró la venta de viviendas en el segundo semestre de 2012 a pesar de hacerlo con las inevitables pérdidas asociadas tras conseguir el plácet de sus acreedores.

Las negras perspectivas del sector quedan fielmente reflejadas en las cotizadas, que han perdido hasta un 95 por ciento de su valor bursátil.

Desde su salida a bolsa en 2007, Reyal ha perdido un 86 por ciento de su valor mientras que Metrovacesa se cambiaba en diciembre por debajo del euro tras llegar a costar 52 euros en 2007. Realia, que también negocia con los bancos una deuda de 1.000 millones de euros mientras capitaliza poco menos de 300 millones de euros, cotizaba en diciembre 0,425 euros tras llegar a valer más de 6,5 euros por título en el principio del fin en 2007.

Su reflejo en la banca también es sintomático, al haber sido el desencadenante del histórico rescate del sector por parte de Europa, con un crédito de hasta 100.000 millones de euros para limpiar los escombros del ladrillo.

/Por Carlos Ruano y Tracy Rucinski/

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