12 de noviembre de 2016 / 12:32 / en 9 meses

Inversores y economistas se preparan para el peligro de descifrar a Trump

Todos los presidentes de Estados Unidos son analizados en detalle por la comunidad financiera en busca de pistas sobre qué significará su política para los mercados. Pero el estilo de oratoria de Trump, que suele usar frases incompletas que dejan lugar para la interpretación, junto con vagas o contradictorias promesas de campaña, le convierte en el más complicado de descifrar. En la imagen, el presidente electo de EEUU, Donald Trump, durante un acto de campaña en Delaware, Ohio, el 20 de octubre de 2016.Jonathan Ernst

NUEVA YORK (Reuters) - A un lado, Janet Yellen. La presidenta de la Reserva Federal tiene ahora un contrincante para el título del orador más escrutado por Wall Street: Donald Trump.

Todos los presidentes de Estados Unidos son analizados en detalle por la comunidad financiera en busca de pistas sobre qué significará su política para los mercados. Pero el estilo de oratoria de Trump, que suele usar frases incompletas que dejan lugar para la interpretación, junto con vagas o contradictorias promesas de campaña, le convierte en el más complicado de descifrar.

"Sus declaraciones son locas. Dice cosas peculiares, como lo de construir un muro y hacer que México lo pague, algo que sabes que no va a pasar", dijo Allan Meltzer, historiador de la Fed y profesor de economía política en la Carnegie Mellon University, en Pittsburg. "Pero sus acciones, en contraste con sus declaraciones, han sido muy moderadas", añadió.

La primera prueba de cómo tiene Trump a los responsables de política e inversores pendientes de sus palabras ocurrió poco después de su conciliador discurso de aceptación en la madrugada del miércoles.

Los bonos cayeron y las acciones subieron, ya que los inversores realizaron apuestas tentativas a que la difusa plataforma de estímulo económico de Trump se traducirá en ganancias corporativas y en un aumento de la inflación.

Las apuestas son altas. Con la Cámara de Representantes y el Senado bajo control republicano, Trump tiene la oportunidad de usar su mandato para reconfigurar radicalmente la economía de Estados Unidos.

Ha prometido grandes rebajas de impuestos, gasto en infraestructuras y desregulación económica, y quiere poner fin al programa de salud Obamacare. En su opinión, estas medidas impulsarán el crecimiento y ayudarán a subir los salarios de los que se han quedado atrás en un mundo globalizado en el que los trabajos de la "clase media" han sufrido.

Con el déficit presupuestario de sólo un 3,2 por ciento del Producto Interior Bruto, comparado con el 9,8 por ciento del 2009, y con unos tipos de interés cercanos a su mínimo histórico, Trump tiene margen para poner en marcha un impulso fiscal a gran escala, al menos en el corto plazo.

En su contenido discurso de la victoria insinuó que las infraestructuras serán una prioridad. Trump dijo: "Reconstruiré nuestras autopistas, puentes, túneles, aeropuertos, escuelas, hospitales (y) nuestras infraestructuras, que se convertirán, por cierto, en las mejores".

Durante su campaña, los discursos de Trump estuvieron llenos de superlativos y de pensamientos inacabados que solo complican la tarea para operadores y observadores de política económica, recursos retóricos de un estilo persuasivo que ayudó a catapultar al magnate a la Casa Blanca.

Intentar diseccionar sus palabras es una cosa. Pero poner a trabajar el dinero de forma rápida basado en ellas es más arriesgado que lo habitual, según Brian Shapiro, presidente ejecutivo de SPAG Funds, un gestor de fondos con sede en Nueva York. "Yo no reaccionaré, pero el mundo sí. A la gente le va a dar un ataque cardíaco si reaccionan a cada palabra", afirmó.

"TRUMP LIGERO"

La firma de asesoría económica Fathom Consulting calificó el resultado electoral como un "Trump Ligero": como presidente electo no querrá o no podrá poner en marcha algunas de sus políticas más extremas, como levantar un muro en la frontera con México, las deportaciones masivas de inmigrantes y amplias medidas proteccionistas.

"Los mercados están esperando para ver si vamos a tener al Trump de la campaña o al Trump presidente, con un acercamiento más pragmático", dijo Komal Sri-Kumar, presidente de Sri-Kumar Global Strategies.

Economistas y gestores de fondos, así como las autoridades de la Fed, están atentos para ver qué asuntos prioriza Trump. Hasta ahora, los indicios apuntan a que buscará rebajas fiscales, un gasto militar adicional y la reforma de la Ley de Cuidado de Salud Asequible, conocida como Obamacare.

El presidente de la Fed de Chicago, Charles Evans, que habló con la prensa mientras los estadounidenses votaban el martes, dijo que intentará dilucidar si las políticas fiscales del nuevo presidente "traerán más estímulo, el mismo, o menos", agregando que el nivel de volatilidad del mercado aportará una pista.

Trump no ha definido aún su equipo económico. No está claro si seguirá, por ejemplo, las tesis de Peter Navarro, profesor de la Universidad de California en Irvine, cuyos estudios defienden una postura comercial más dura con China; o si se unirá a aliados en Wall Street como Steven Mnuchin, un ex empleado de Goldman Sachs señalado como potencial secretario del Tesoro.

"Tal y como está, el plan fiscal de Trump es bastante vago y no se sostiene", comentó Paul Ashworth, economista de Capital Economics, con sede en Toronto. "Esperamos un plan fiscal que siga la agenda republicana, pero es probable que tenga una escala mucho menor a lo imaginado inicialmente por Trump".

Aunque es probable que estas dudas persistan incluso después de que Trump suceda a Obama en enero, "la naturaleza de los nombramientos de Trump para su gabinete y el tono de sus audiencias de confirmación aliviarán o amplificarán la prima de incertidumbre de los mercados", escribió Steven Ricchiuto, economista jefe para Estados Unidos en Mizuho.

Más allá de Navarro y Mnuchin, todos los ojos estarán puestos en si muchos de los economistas conservadores, como el decano de la Universidad de Columbia, Glenn Hubbard, que abandonó a Trump en medio de la divisiva campaña, acabarán volviendo como asesores.

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