15 de octubre de 2016 / 12:07 / hace un año

El imposible arte de predecir el rumbo de la libra

LONDRES (Reuters) - (El autor es columnista de Reuters Breakingviews. Las opiniones expresadas son suyas.)

Los estrategas de divisas pueden dividirse incluso cuando están de acuerdo. Las previsiones para dónde se encontrará la libra frente al dólar en 12 meses oscilan entre los 1,05 y los 1,47 dólares en un sondeo de Reuters publicado el 6 de octubre. Imagen de monedas de una libra en esta imagen tomada el 17 de junio de 2008. REUTERS/Toby Melville/Illustration/File Photo

Los estrategas de divisas pueden dividirse incluso cuando están de acuerdo. Las previsiones para dónde se encontrará la libra frente al dólar en 12 meses oscilan entre los 1,05 y los 1,47 dólares en un sondeo de Reuters publicado el 6 de octubre.

Incluso después del momentáneo derrumbe del 7 de octubre, es justo decir que la mayoría de los observadores esperan que la libra caiga aún más en los próximo meses. La disputa entre la cadena de supermercados británica Tesco y la proveedora Unilever sobre quién carga con el impacto de una moneda más débil sugiere que también las empresas están comenzando a prepararse para una libra más débil durante más tiempo. Los modelos económicos inteligentes a veces sustentan tales predicciones. Pero incluso los más complejos tendrán dificultades en esta ocasión. La moneda británica es más esclava de la política que de la economía. ¿Por qué es tan difícil pronosticar la evolución de la libra?

Las normas habituales para hacer predicciones a largo plazo en el mercado de divisas se quedan más o menos en suspenso cuando se trata de la libra. A menudo, los economistas tratar de analizar variables como la actividad económica, la inflación, el comercio exterior y las posiciones fiscales para aventurar el rumbo de las monedas. Sin embargo, todas esas cuestiones se enturbian por la enorme incertidumbre sobre cómo va a gestionar el Reino Unido su salida de la Unión Europea y qué tipo de relación tendrá en el futuro con el bloque.

El llamado Brexit “duro” podría reducir los flujos de inversión en Reino Unido. Si el resultado es menos intercambio comercial, la productividad podría sufrir en el largo plazo. Sin embargo, los economistas se han equivocado antes.

Pocos esperaban que la economía británica mostrara tanta resistencia en los meses siguientes al referéndum de junio sobre la UE. La naturaleza de los vínculos con la UE y en particular el tipo de acceso que el Reino Unido tendrá con el mercado único, se encuentran en el aire y no dependen de la racionalidad económica sino del regateo político.

Es posible que los calendarios electorales tengan más influencia en el resultado que los mejores intereses para ambas partes. ¿Entonces la economía no importa?

En cierto sentido, no. Los operadores están fijándose menos en si cierto indicador económico resulta mejor o peor de lo previsto, y le prestan más atención al alcance de los sacrificios que está dispuesta a hacer la primera ministra Theresa May con el fin de reducir la inmigración en el país. Cuanto más dura sea su postura, más intransigentes serán seguramente los otros países de la UE sobre darle a Reino Unido acceso al mercado único.

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, advirtió el 13 de octubre que Gran Bretaña no puede tener su pastel y comérselo.

Pero en otro sentido, todo es una cuestión económica. El único motivo por el que los operadores de divisas - y, por extensión, los pronosticadores de divisas - se preocupan tanto por las maquinaciones políticas se debe a que acabarán determinando la evolución de la economía británica a largo plazo, así como la de aquí a dentro de uno o dos años. Cada comentario de un político desencadena una recalibración de las probabilidades económicas. ¿Entonces para qué pronosticar?

Muchos analistas de divisas preferirían no predecir dónde se situarán las monedas a un año vista. Y sin embargo, la mayoría están obligados a hacerlo. Una de las razones es que el tipo de cambio es a menudo una de las variables a considerar dentro del proceso de toma de decisiones de muchas empresas e inversores. Necesitan un escenario base para la planificación a medio plazo y es mucho más fácil procesar un número que escenarios complejos que incluyen una gran cantidad de probabilidades.

El riesgo es que se utilizan números que están sujetos a un alto nivel de variaciones y subjetividad para diseñar modelos con los que las empresas toman decisiones a largo plazo.

¿Y no ofrecen pistas los mercados?

Los precios de los derivados pueden ser una guía útil para proyectar las condiciones de mercado a futuro. Por ejemplo, las opciones que vencen después del final de marzo de 2017 se han encarecido desde que la primera ministra, Theresa May, dijera que iba a activar el proceso de salir de la UE antes de abril de dicho año.

Ello se debe a las expectativas de que la libra será propensa a unos movimientos aún mayores una vez se pongan en marcha las negociaciones. Por ejemplo, la volatilidad implícita a seis meses ha subido a un 11,95 por ciento desde el 10,1 por ciento de finales de septiembre.

Aunque esto no dice nada sobre de si los inversores esperan que la libra esterlina suba o baje, otra medida - conocida como reversión del riesgo - lo hace. Este segundo indicador muestra que aumenta la preferencia de los inversores para vender en lugar de comprar libras. Muy bien. O sea que, en resumen, la libra irá...

Hacia abajo, lo más probable. El alcance y la rapidez del descenso dependerán principalmente del flujo de noticias sobre el Brexit, pero no del todo. Las elecciones presidenciales de EEUU podrían tomar el relevo como factor de mayor peso a finales de este año, en lo que al tipo de cambio de la libra frente al dólar se refiere.

Lo que ocurra con las economías de EEUU, la zona euro o de Japón y las reacciones de sus bancos centrales también influirá en el tipo de cambio de la libra esterlina frente a las monedas de estos lugares. El rumbo de dichas divisas también está igualmente abierto a debate. En el caso de la libra esterlina, no hay muchas dudas sobre la dirección descendente del viaje.

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